09 May 2019

Saboreamos la vida eterna cuando nos alimentamos de Jesús

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn 6, 51).

La afirmación de Jesús es esta: “Yo soy el pan de la vida”. Hasta ahora, conocemos solo el pan – y existe pan de mel, pan dulce y salgado, tiene pan para muchos gustos -, pero solo hay un que es el Pan de la vida, solo hay un Pan que da la vida y llena nuestra vida, y este pan se llama Jesús.

Jesús alimenta aquel que recibe a Él,. Si acogemos y recibimos Jesús, somos también alimentados por Él, y Él nos alimenta para vivir eternamente.

La ciencia hasta trabaja para prolongar la vida humana, para que ella pueda durar más, pero todo el esfuerzo de la ciencia va ser inútil para eternizar la vida humana. Aquel que nos dio la vida y la llave de la ciencia para cuidar de las propias enfermedades que vinieron macular la vida humana, pero el Dios de la ciencia, la inmortalidad pertenece solo a Él, como la eternidad feliz y bienaventurada solo pertenece a Él. No es una cuestión de vivir para siempre en la Tierra, la cuestión es vivir para siempre en la presencia de Dios.

La eternidad no es vida después de la muerte. La eternidad es comenzar a vivir en Dios jamás morir, porque quien come de este pan no conocerá la muerte, nunca morirá. Todos nosotros estamos atribulados, preocupados y medrosos, con un verdadero temor de enfrentar la muerte, pero solo tiene miedo de ella quien no tiene la vida en Dios, porque la vida de Dios en nosotros no nos permite experimentar la muerte, pero permite adormecer y despertar para siempre en los brazos de Él, se permite vivir, ya aquí en la Tierra, la eternidad que Él trajo para nosotros.

La vida eterna es el acrecimos, porque Jesús es el Pan de la vida, que nos llena y da razón y sentido a nuestra vida

Saboreamos las principales de la vida eterna cuando nos alimentamos de Jesús, cuando nos saciamos y nos llenamos de Él. La vida eterna es el acrecimos, porque el Señor llena, da la razón y sentido a nuestra vida.

Aquí es una promesa: “El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Por supuesto que, cuando Jesús hizo ese discurso, estaba refiriéndose a la carne de Él, que Él mismo iba dar. La carne que Él dio en la Eucaristía es la misma carne, el mismo cuerpo que fue predicado en la cruz. Es la misma carne y el mismo cuerpo que resucito glorioso.

El cuerpo que estaba en el vientre de María, que nació para ser nuestro salvador, se convirtió alimento en la Eucaristía y en la cruz. Es por eso que la misa es el sacrificio no cruento del propio Cristo, es el propio altar, es el propio calvario donde Jesús esta se donando, donde Su cuerpo esta siendo entregue Su sangre siendo derramado para sanarnos y alimentar.

Necesitamos alimentarnos de Jesús, necesitamos recibirlo, para que la vida de Dios esté en nosotros.

¡Dios te bendiga!

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