Producir frutos exige valentía y entrega
Con mucha alegría iniciamos este tiempo, este nuevo mes. Hoy celebramos la memoria de San Justino Mártir. Pedimos su intercesión para acoger la voluntad de Dios y, como nos mostrará el Evangelio de hoy, que podamos producir muchos frutos. El Evangelio de Marcos nos dirá algo importante:
“Y comenzó a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la cercó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre, arrendó la viña a unos viñadores y se fue de aquella tierra. A su debido tiempo envió a los viñadores un siervo para recibir una parte del fruto de la viña’”. (Mc 12,1-12)
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Mis hermanos y mis hermanas, la vida de San Justino Mártir fue también muy semejante a aquello que escuchamos en el Evangelio de hoy. La viña y los viñadores; es decir, el Hijo que fue manifestado, pero que fue torturado, rechazado y muerto. Esto anuncia también lo que sucedería con Jesucristo: el Hijo del Padre, que fue enviado, pero rechazado. Es decir, producir frutos en la viña del Señor.
Testimonio y verdad
San Justino Mártir también fue rechazado por testimoniar la verdad. Ahora bien, hermanos y hermanas, cuando yo recibo al Hijo del Padre, necesito ser consciente de que debo dar muchos frutos a través de mi testimonio, de mi vida de oración, de mi vocación y de los dones y talentos que Dios me concede. Porque, para testimoniar la verdad, es necesario tener el valor de reconocer que el Hijo de Dios fue enviado para salvarnos. Pero también podemos vivir lo contrario. Sabiendo todo esto, podemos rechazarlo.
La viña que Dios nos confió
Pidamos al Señor tres gracias a través de este Evangelio: reconocer que nuestra vida es una viña de Dios; no rechazar la palabra cuando nos sea ofrecida; y, cuando ella nos lleve a una corrección, tener el valor de testimoniar a Jesucristo como lo hizo San Justino Mártir.
Y cuando el Señor venga a buscar frutos en nuestra viña, que pueda encontrar una fe viva, un corazón convertido y una vida entregada a Él. Si procedemos así, seremos hombres y mujeres que darán fruto al ciento por uno.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


