Perdonad todo y recibe la plenitud de la Misericordia
Cuando estéis orando, perdonad todo lo que tengáis contra alguien, para que vuestro Padre, que está en los cielos, también perdone vuestros pecados
Pedro se acordó y dijo a Jesús: “Mira, Maestro, la higuera que maldijiste se ha secado”. Jesús les respondió: “Tened fe en Dios. En verdad os digo: si alguien dice a esta montaña: ‘Levántate y arrójate al mar’, y no duda en su corazón, sino que cree que sucederá lo que dice, así será. Por eso os digo: todo lo que pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y así será. Cuando estéis orando, perdonad todo lo que tengáis contra alguien, para que vuestro Padre, que está en los cielos, también perdone vuestros pecados” (Mc 11,11-26).
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Hermanos y hermanas, es interesante que el Evangelio habla de perdonar todo lo que tengamos contra alguien. No se trata solamente de perdonar lo que hicieron contra ti, sino también de perdonar aquello que tú guardas contra alguien.
La reconciliación, el puente que nos une al cielo
De cierta manera, la plenitud del perdón que recibimos de Dios pasa por la reconciliación que debemos tener, primero, con nosotros mismos. Solo puedo entregarme por completo si estoy completo. Solo se entrega por entero quien está entero: entero en sí mismo y enteramente de Dios también. Nos volvemos más ligeros delante de Dios cuando nos abrimos al perdón y retiramos los escombros de nuestro corazón.
¿Sabes cuando el patio —esas casas que tienen patio— está lleno de escombros, de suciedad, cuando el césped está alto y descuidado? Eso es señal de que el lugar necesita limpieza y también cuidado.
Perdona todo y retira los escombros del alma
No perdonar, hermanos y hermanas, y cultivar enemistades es acumular escombros, es acumular suciedad sobre uno mismo. Por eso, hoy, escuchemos esta orden que Jesús nos da. Si tienes algo contra alguien, perdona a esa persona. Pero antes, perdona todo lo que tengas contra ella: no solo lo que te hizo, sino también lo que sientes. Parece difícil, parece un juego de palabras, pero es la palabra de Jesús pidiéndonos que tengamos un corazón limpio, un corazón purificado, un corazón lleno de Dios, puro y saludable, cuyo deseo sea hacer la voluntad de Dios y amar.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



