“En aquel tiempo, sucedió que un sábado, Jesús fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos lo estaban observando. Jesús, notando cómo los invitados escogían los primeros puestos, les contó una parábola: “Cuando seas invitado a una boda, no ocupes el primer puesto. Puede ser que hayan invitado a alguien más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Cédele el puesto a este’. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último puesto. Pero cuando seas invitado, ve y siéntate en el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los invitados. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 14, 1. 7-14).
Lecciones de buenos modales
Hermanos y hermanas mías, hoy es domingo, día del Señor, y en este vigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario, queremos reflexionar sobre el tema de la humildad.
Aparentemente, el texto parece una lección de buenos modales: Jesús enseñando cómo se debe comportar uno en una cena. Pero, en realidad, en el fondo está la lógica de Dios, que no considera los primeros puestos como los mejores. Es, en verdad, un gran llamado de Dios a la humildad.
Por eso el Señor nos llama a asumir nuestro lugar, porque es a los humildes a quienes Dios revela sus misterios. Y la palabra humildad tiene que ver con la tierra, porque humildad viene de humus, y humus quiere decir “tierra”. Por eso la humildad es pisar el suelo de lo que somos en esencia. Ni más ni menos. Humildad es tener una justa percepción de uno mismo.
El Señor nos llama a asumir nuestro lugar
Y yo te pregunto: ¿Cuál es tu tierra? ¿Cuál es tu lugar? ¿Cuál es tu verdad? Es en ese lugar donde Dios te quiere. Es en ese lugar donde Dios te plantó. Esa es tu verdad.
Hay un tema interesante en San Pablo, que nos recuerda que no debemos tener una estima demasiado elevada de nosotros mismos. San Pablo utiliza un texto con tres elementos interesantes: Phroneo, Soproneo e Hyperphroneo.
Es la forma en que San Pablo nos enseña que tenemos que tener la capacidad de formarnos un juicio sobre nosotros mismos. La capacidad de vernos, de percibirnos, la percepción de quiénes somos. Pero él nos dice que debemos tener Soproneo, es decir, una medida justa sobre nosotros. Una justa medida.
Y no un Hyperphroneo, es decir, una estima muy elevada. Pensar algo que no somos. Por eso San Pablo nos da el consejo y la sabiduría de cultivar siempre una buena estima de nosotros mismos, de saber quiénes somos, cuáles son nuestras capacidades y vivir todo eso.
Hagamos el bien dondequiera que estemos
No importa el cargo que ocupemos, no importa la función que ejerzamos; lo que importa es que, de hecho, estemos donde Dios nos plantó según nuestra esencia y que hagamos el bien dondequiera que estemos.
Por eso, pidámosle hoy al Señor esa gracia de tener nuestra vida, de hecho, donde Dios nos ha puesto. Ser humildes, reconocer nuestros talentos, los talentos de nuestros hermanos, para así llevar el Evangelio del Señor.
¡Que Dios bendiga tu vida! ¡Nos encontraremos dentro de dos meses!
¡Agradezco su presencia! Sigan nuestro canal, suscríbanse y animen a otras personas a que también accedan a nuestro canal, a que descarguen nuestra aplicación, para que muchas otras personas puedan vivir este momento de la Homilía Diaria.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!