28 Feb 2019

La paz nos pone en la presencia de Dios y nos lleva para Él

Si no vivo la paz con mis hermanos, no tengo el sabor de Dios en mí vida

“Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros” (Mc 9, 50).

En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita, en primero lugar, la practica de la mortificación y de la penitencia. Pero no es la mortificación simplemente para se mortificar, es para conceder sabor a nuestra vida cristiana. No hay vida cristiana autentica, sin la practica de la penitencia, sin rever nuestros actos, actitudes; sin rever lo que hacemos y realizamos.

Muchas veces, nuestra mirada no esta centralizado. ¡Entonces, miremos! Vamos guiar nuestra mirada. Muchas veces, nuestra mano, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos no hacen lo que es esencial, o están perdiéndose.

Si nuestra mano nos lleva a pecar; si ella se convierte omisa; si nuestra mano se convierte incontrolable utilizando el mando a distancia, computador, celulares, entonces, arranquemos. Miro que, hoy, nos perdemos en las redes sociales todo el tiempo, no conseguimos parar de teclear. Por veces, nos perdemos en la mirada, con aquella curiosidad mórbida, donde necesitamos saber lo que dijo el otro. Es todo el tiempo buscando en las redes sociales, simplemente por curiosidad, y no podemos más contenernos.

Somos llamados a hacer una penitencia, una mortificación. Llamado a abrir mano de aquello que creemos que es esencial, porque no es esencial. Si nuestros Smartphones (celulares) nos lleva a pecar, quedemos sin ellos. Es mejor entrar en el Reino del Cielo sin ellos, que tener diez celulares e ir para el infierno.

No nos dejemos perder en este mundo. Porque lo que perdemos es el “sal”, el sabor de la vida cristiana. Porque estamos muy llenos de cosas mundanas guiando nuestras vida y tornamos soso. ¿Y para que sirve una sal que esta soso, sin sabor, sin gusto? Sirve para ser tirado fuera, porque no sirve para más nada. No perdamos el sentido, el significado y el sabor de nuestra vida cristiana.

Vivamos en paz con los hermanos

Por último, además de recuperar el sabor (retirando lo que quita el sabor de nosotros), vivamos en paz unos con los otros. Hablando mal uno de los otros en las redes sociales; combatiendo las personas, creando guerras; poniéndonos unas contras los otros, diseminando discordias, haciendo muchas cosas contrarias y, muchas veces, en nombre de la fe, de esta forma; ¿cómo es que viviremos en paz y promovernos?

Vivir la paz es más importante que aquello que creemos, que nuestras comvicciones. La paz nos pone en la presencia de Dios y nos lleva para Él. Podemos conocer a todos los misterios de Dios, pero si no vivimos la paz con nuestros hermanos, no tenemos el sabor de Dios en nuestra vida.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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