San Atanasio fiel a la voluntad del Padre
Amados hermanos y hermanas, hoy celebramos la vida de San Atanasio de Alejandría. En el Evangelio de hoy, tomado de Juan, el Señor nos revela algo fundamental:
“En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y hará aún mayores que estas, porque voy al Padre. Y todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo dará, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14, 7-14).
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San Atanasio fue un defensor de la divinidad de Cristo. Vivió en un siglo marcado por el surgimiento de la herejía del arrianismo, que afirmaba que Jesús no era verdaderamente Dios, sino solo una criatura elevada.
El defensor de la divinidad de Cristo
Frente a esta falsa doctrina, Atanasio se levantó como obispo de Alejandría para proclamar la verdad: Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, y posee la misma naturaleza que el Padre. A causa de su fidelidad a esta verdad, fue perseguido. Fue exiliado cinco veces y sufrió muchas persecuciones religiosas, pero jamás retrocedió.
Del Padre y del Hijo proviene nuestra fuerza
Atanasio parecía estar solo, pero permaneció firme porque sabía que, si Jesús no fuera Dios, no podría salvarnos. Es esta misma fe la que sostiene la promesa de Jesús de que haríamos obras mayores que las suyas.
Esto no significa que seamos superiores a Cristo, sino que Cristo continúa actuando a través de su Iglesia. Si creemos que Él está en medio de nosotros, realizaremos las mismas obras —e incluso mayores— por el poder de nuestra fe y de su presencia.
La vida de San Atanasio es un ejemplo para todos nosotros: un hombre aparentemente frágil que, sostenido por Dios, defendió la fe de toda la Iglesia. Por eso, no tengamos miedo. Dios está con nosotros y nos concederá la gracia de realizar sus obras en el mundo, por el poder del nombre de Jesús.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



