Jesús pasa por nosotros y su presencia restaura nuestra vida
En aquel tiempo, Jesús enseñaba en voz alta en el templo, diciendo: “Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy. Yo no he venido por mí mismo, sino que el que me envió es veraz. A ese vosotros no lo conocéis; pero yo lo conozco, porque vengo de parte de él, y él fue quien me envió”. Entonces querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima, porque todavía no había llegado su hora. (Juan 7,1-2.10.25-30)
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Jesús no llega a Jerusalén con efectos especiales ni de manera extraordinaria, sino de modo normal, como continuidad de aquello que ya venía realizando en Galilea. Sucede que nos estamos acostumbrando tanto a las cosas espectaculares que ya no nos damos cuenta de la presencia de Dios en nuestra vida, en las cosas cotidianas, en los signos que Él siempre nos da.
Superando la insensibilidad espiritual en nuestra vida
Dios ha pasado a través de hechos y situaciones, y muchas veces no nos damos cuenta de ello. El peligro de la ceguera y de la insensibilidad ante la presencia de Dios ronda constantemente nuestros corazones. Por eso el tiempo de Cuaresma nos ofrece esta oportunidad.
Lo que sucede es que las expectativas que creamos en nuestra vida son tan altas que las llevamos también a nuestra relación con Dios. Entonces, si Él no llega de forma sorprendente, parece que no es Dios, y perdemos la oportunidad de cambiar el rumbo de nuestra vida.
Por eso el camino cuaresmal, como he dicho, funciona como una especie de detox. Disculpen el término, pero es una palabra muy usada hoy. Es necesario este detox espiritual para que podamos ver a Cristo y dejarnos tocar por su gracia salvadora.
Un encuentro personal con Cristo que transforma
No perdamos tiempo ni la oportunidad de tener un hermoso encuentro personal con Cristo en este camino cuaresmal. Hoy, una vez más, Él está pasando por nuestra vida y nos llama a un compromiso aún mayor con su Evangelio, con su verdad.
Abre tu corazón para que esta Cuaresma sea, de verdad, un encuentro definitivo con la vida de Cristo que transforme toda tu vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



