09 Feb 2020

La luz de Dios esta en nosotros y necesitamos ser luz en la vida de los demás

“Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte?Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa” (Mt 5, 14-15)

La primera afirmación del Evangelio de hoy es que nosotros somos el sal de la tierra, es decir, no es que debemos ser sal nosotros somos. ¡Eso es una maravilla! Porque Dios nos creo con sabor, Él no nos creo insulso, sin gusto, sin tempero. Nuestra constitución vital de personas humanas, de seres humanos es para sernos sabrosos, es para darnos sabor al mundo, a las cosas.

Nos encantamos cuando los animales: los delfín, los pajaritos; miramos las ballenas, los peces, los pájaros y cada uno da un ton al mundo en que estamos. Pero solo quien da sabor a este mundo somos nosotros, yo y tu, nosotros hijos y hijas de Dios, porque nosotros somos creados para ser sal, para dar consistencia y sabor al mundo. Sabor de saborear, de dar realmente el tempero, pero, al mismo tiempo, también de dar aquella consistencia, porque el sal cuando salga el alimento, él conserva, él mantiene. Solo nosotros podemos mantener la obra criada. Conservar la obra creada y transformar el mundo en que estamos por el tempero del sal de Dios que esta en nosotros.

No sea una luz apagada, porque aún que pasemos por muchas tribulaciones y aflicciones en esta vida, la luz de Dios esta en nosotros

¡Nosotros somos la luz del mundo! Dios nos creo para sernos luz en la vida del otro y donde estamos. Yo sé que hay mucha luz apagada, y que tristeza! Nosotros dejamos, muchas veces, que la luz de Dios que esta en nosotros se apague, entonces, nos convertimos canal de desanimo, de tristeza, de nagativismo, de pesimismo, de maldad en las situaciones en que nos encontramos. Mis hermanos, aún que hay muchas situaciones para desanimar, para desesperar, eso no es la respuesta que nos damos, la respuesta que nosotros damos para el mundo que esta en las tinieblas, en la oscuridad, es la luz de Dios que esta en nosotros.

No dejes esta luz apagada, encienda esta luz, encienda este animo, esta fe, esta coraje, este entusiasmos; ¡brille! Por favor, no es el brillo del mundo, no es la fantasía del mundo, no es el brillo de persona que pasa maquillaje en el rostro y quiere brillar por las apariencias externas. ¡Brille por la fe, por el animo, por la coraje, brille!

¡Sea luz! Porque tu lleva la luz de Dios para los demás. No sea una luz apagada, aún que pasemos por muchas tribulaciones y aflicciones en esta vida, la luz de Dios esta en nosotros y necesitamos ser luz en la vida de los demás.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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