15 Nov 2023

La gratitud a Dios es la parte esencial de nuestra oración

“Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.» Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba sano, volvió atrás alabando a Dios en voz alta” (Lucas 17, 11-19).

Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español:

Mis hermanos y hermanas, Jesús está de camino a Jerusalén y pasa por Samaria, que era una tierra considerada por Israel como impura, de gente infiel, de personas a las que había que evitar a toda costa. Pero Jesús no se deja paralizar por estas mentalidades. Jesús atraviesa Samaria camino de Jerusalén. Jesús no sigue este tipo de pensamiento, porque es precisamente Él quien se encuentra con las personas en las condiciones en las
que se encuentran.

Diez leprosos vienen al encuentro de Jesús, nosotros no sabemos nada de ellos, sus nombres, quiénes son, solo sabemos que estaban juntos. Es interesante, porque se trata de una información importante, porque la lepra, en la época de Jesús, causaba un aislamiento social muy radical. La persona quedaba realmente excluida, totalmente
aislada, sola.

Y estos diez leprosos se unen en un momento de sufrimiento. Algo parecido a los tiempos recientes que vivimos con la pandemia, un momento dramático para toda la humanidad, pero que, para muchos, sirvió de vínculo entre familiares que vivían separados y distantes unos de otros aunque vivieran bajo el mismo techo, personas que ni siquiera se hablaban, personas que no compartían comidas, personas que vivían aisladas. Y la pandemia fue,
por supuesto, con todo el drama que nos trajo, también una oportunidad para nosotros como cristianos, pero también como seres humanos, de replantearnos muchos valores que se habían dejado de lado.

La gratitud a Dios es la parte esencial de nuestra oración

Y los diez hacen algo aún más sorprendente, rezan, rezan, porque los que sufren o rezan o murmuran, o se ponen delante de Dios o vivirán su vida en la amargura. La oración de los diez es escuchada inmediatamente por Jesús. Pero la historia no termina con el milagro, desgraciadamente, porque solo uno de ellos volvió para agradecer. Los otros nueve se quedaron solamente en una forma de oración, la súplica, no se unieron a la alabanza.

La alabanza, digo, no es cosa de carismáticos, es cosa de hijos agradecidos. La alabanza es completar la oración de súplica, es saber que tenemos un Padre en el cielo que cuida de nosotros. La oración sin alabanza, sin alabanza a Dios, es oración pagana, interesada, de la boca para afuera. Curiosamente, fue un samaritano el que volvió a dar gracias a Dios, alguien fuera del círculo religioso.

Cuidado con la oración de muchas palabras, porque puede estar faltando lo esencial en tu oración, la gratitud a Dios.

Descienda sobre todos ustedes la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Pai das Misericórdias

Pedido de Oración

Enviar
  • Aplicativo Liturgia Diária

    Com o aplicativo Liturgia Diária – Canção Nova, você confere as leituras bíblicas diárias e uma reflexão do Evangelho em texto e áudio. E mais: você ainda pode agendar um horário para estudar a palavra por meio do aplicativo.