Permanencia vital a través de la Santa Eucaristía
Comer la carne y beber la sangre de Jesús significa permanencia y vínculo con la realidad que es eterna.
“Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6,52-59).
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Hermanos y hermanas, comer la carne y beber la sangre de Jesús genera una permanencia vital en Él. Nosotros queremos permanecer en Ti, Señor Jesús. Y también otra expresión: presencia que nutre para la vida eterna. Queremos ser nutridos para la vida eterna. Así, comer y beber, en este contexto, trasciende nuestro acto físico.
El alimento del alma
Cuando te levantas y tomas tu desayuno, cuando llega la hora del almuerzo o de la cena, o el momento de algún refrigerio, es algo diferente. Este comer y beber significa comunión de vida y asimilación en nosotros mismos de la vida divina, de la vida de Jesús en nosotros, de esa realidad recibida.
Permanencia en la Trinidad
¿Qué realidad recibimos? El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor. Entramos en comunión con lo sagrado. Comulgar es entrar en comunión con lo sagrado. Y también, hermanos y hermanas, es unión interior con la Trinidad Divina. Comulgar es permitir que la vida divina actúe en nosotros. Y al actuar en nosotros, también nuestros comportamientos manifestarán el obrar de Dios y su transformación.
Cuando recibimos la Eucaristía, hermanos y hermanas, recibimos a Cristo que, con su humanidad y divinidad, unido inseparablemente al Padre y al Espíritu Santo, nos introduce en el movimiento de amor de la Trinidad. Y así es como queremos caminar. Por eso pedimos esta gracia para nosotros en este día, para nuestra familia, para nuestro entorno, para que seamos expresión de comunión, expresión de la presencia de Dios.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



