El Hijo del Hombre y el misterio de la cruz
“El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Pero los discípulos no comprendían lo que Jesús decía. El sentido les quedaba oculto de modo que no podían entender, y tenían miedo de hacer preguntas sobre el asunto. (Lucas 9,43b-45)
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Hermanos y hermanas, después de manifestar su poder ante las multitudes, Jesús ahora sorprende a los discípulos con un nuevo anuncio de la pasión: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. En el Evangelio de San Lucas, esta afirmación marca una tensión central del misterio de Cristo.
El Hijo del Hombre elige el camino del sacrificio
Cuando hablamos de algo referente a la tensión, es algo que hace que todos nuestros sentidos trabajen más para prestar atención a aquella realidad. Entonces, esta es la realidad a la que el Evangelio nos llama la atención en este día. ¿Cuál es esta tensión central? Aquel que posee autoridad divina elige libremente el camino de la entrega.
El título “Hijo del hombre”, proveniente de aquella visión gloriosa del profeta Daniel, en el capítulo 7, aparece unido al sufrimiento, pero también al rechazo. Jesús revela que la gloria mesiánica no será conquistada por el triunfo político, sobre todo, sino por el sacrificio.
La resistencia del corazón
Los discípulos, sin embargo, no comprendían. Ellos veían milagros, ya habían visto milagros, habían escuchado enseñanzas, habían profesado la fe, pero todavía pensaban según categorías humanas. El Evangelio termina diciendo que los discípulos tenían miedo de hacer preguntas. Entonces, ¿qué revela este silencio, hermanos y hermanas? Este silencio revela no solamente confusión intelectual, sino resistencia interior.
Muchas veces, también nosotros evitamos confrontar exigencias más profundas del Evangelio, porque intuimos que la respuesta de Cristo exigirá conversión. Entonces, no profundizamos más, porque no queremos convertirnos; queremos continuar siendo los mismos. No leemos las Escrituras, porque sabemos que, si las leemos, vamos a tener que cambiar de vida, aprender y tener que dar una respuesta. Nosotros también procrastinamos nuestra vida de espiritualidad. Entonces, evitamos estos confrontamientos con nosotros mismos.
La Cruz, el camino hacia la imitación del Hijo del Hombre
Solamente quien acepta entrar en el misterio de la cruz comprende verdaderamente quién es Jesús. Y nuestra vida no consiste en buscar un camino sin sufrimiento, sino en unir nuestro corazón al Señor, que transforma nuestro dolor en redención, que transforma la muerte en vida nueva. ¿Y quién es el discípulo?
El discípulo es aquel que madura no cuando deja o cuando huye de la cruz, sino cuando aprende y reconoce en ella, o en el sufrimiento, el lugar supremo de la manifestación del amor de Dios que genera en nosotros redención. Abramos nuestro corazón a la acción de Jesús en nuestra vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



