La levadura de los fariseos y la advertencia de Jesús
En aquel tiempo, miles de personas se reunieron hasta el punto de que unos pisaban a otros. Jesús comenzó a hablar, primero, a los discípulos: «Tengan cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada escondido que no llegue a ser revelado, ni nada oculto que no llegue a ser conocido. Por tanto, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será escuchado a plena luz del día». (Lucas 12,1-7)
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Mis hermanos y mis hermanas, la levadura tiene la capacidad de hacer fermentar la masa, de llevarla a cambiar sus elementos. Cuando se hace fermentar una masa, hasta sus elementos sufren alteraciones. Ese es el poder de la levadura. Por eso, en la Pascua judía, se evitaba cualquier rastro de levadura para significar la pureza del pan que se comía durante ese período.
La levadura y su impacto
Jesús utiliza el ejemplo de la levadura para advertirnos a nosotros, sus discípulos, pero en el nivel espiritual, no en el nivel alimentario. Aquí se dice que la levadura farisaica es la hipocresía; la palabra es muy clara. Del griego, hypokrisis significa disimulación, corromper la identidad asumiendo otras facetas según los diferentes ambientes. En otras palabras, es un actor. En el teatro griego, ellos utilizaban la *hypokrisis*, que era una máscara, para interpretar diversos papeles; entonces, la máscara servía para cambiar los personajes que interpretaban los actores.
La verdad libera la conciencia
Hoy nos corresponde hacernos una pregunta muy existencial: ¿Soy la misma persona en cualquier lugar en el que me encuentre? Asumimos papeles en la sociedad y en la comunidad, eso está claro. Las personas tienen funciones y ministerios, pero tengamos cuidado de no confundirnos con esos papeles, ni de vivir una vida cristiana con diferentes matices según cada ambiente.
Jesús afirma: «Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo». Tenemos que recuperar la conciencia del poder transformador de la presencia de un cristiano en el mundo. Un cristiano que vive su fe y vive el Evangelio es un agente transformador, es levadura en la masa y puede transformar todas las realidades. Por eso, pidamos al Señor la gracia de vivir coherentemente nuestra vida cristiana en todos los ambientes en los que estemos: en la Iglesia y también en el mundo y en la sociedad.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



