26 May 2019

El Espíritu Santo de Dios vive en nuestro corazón

“El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él” (Jn 14,23).

La verdad es que Dios quiere vivir en nosotros, Él quiere vivir en nosotros. El Padre vendrá con el Hijo vivir en nosotros y, más que eso, Dios enviara sobre nosotros Su Espíritu. El Espíritu del Padre que es el Espiritu del Hijo, es el Espíritu Santo que vendrá en nombre de Jesús para enseñarnos todas las cosas. Necesitamos ser morada de Dios.

La gracia que el bautismo concedió a cada uno de nosotros fue, justamente, hacer de nosotros el lugar de la morada de Dios, porque el Espíritu habita en nosotros, él vive en nosotros, ahora es necesario dar lugar a Dios, es necesario dar lugar al Espíritu. Es necesario abrirse para que él permanezca en nosotros y seamos fieles a la gracia de él en nuestra vida.

Amar a Dios es guardar Su Palabra. Estamos escuchando la Palabra de Dios que viene a nuestro encuentro. ¿Qué atención necesitamos dar? ¿Qué diligencia necesitamos tener? ¿Que aplicación necesito, de hecho, tener en relación a la Palabra del Señor para escucharla, reflexionar y, especialmente, guardarla?

Guardar no es ficar recordando de esta o de aquella Palabra, pero permitir que ella nos va transformando, cambiando y guiando nuestro vivir.

Muchas veces, no conseguimos cambiar ciertos comportamientos y actitudes en nuestra propia vida pero, aquí, no podemos dejar de la gracia de Dios, dejar del Espíritu que habita en nosotros. Es el Espíritu primero que nos va convenciendo, después, nos va guiando y inclinándonos para el bien y quitando esta inclinación del mal que hay dentro de nuestro corazón.

No podemos dejar la gracia de Dios, dejar del Espíritu que habita en nosotros

Tenemos una inclinación para la arrogancia, y cuando el Espíritu esta en nosotros y permitimos él actuar en nosotros, él va rompiendo los lazos del orgullo, de la soberbia y de la arrogancia en nuestra vida, él nos va convirtiendo humildes. Si nos falta humildades en la vida, es porque nos falta abertura a la acción del Espíritu.

Ser hombres y mujeres del Espíritu no es solo hablar idiomas diferentes, profetizan en nombre del Señor, pero es permitir la acción del Espíritu frutificar en nosotros en gestos, palabras, en transformación interior. La gracia de reconocer lo que somos es permitir que el Espíritu haga en nosotros lo que él hace cuando el alma se abre su acción. Por eso solo podemos suplicar: “Señor, vive en mí. Señor, viva en mí vida y transforma en un hombre nuevo”.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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