El Cristo nos llama para un encuentro personal
“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo.” (Mateo 16,13-20)
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Hermanos y hermanas, hoy, domingo, es el día del Señor. ¿Cómo no recordar también que, a lo largo de este mes de agosto, celebramos, incentivamos y rezamos por las vocaciones? Quiero recordar todas las vocaciones de las que hemos hablado a lo largo de estos domingos del mes de agosto.
Rezamos por las vocaciones matrimoniales, familiares, religiosas, sacerdotales, y también rezamos por aquellos que preparan su corazón para Dios. ¡Es un mes muy especial! Dediquémonos a Dios, a rezar por las vocaciones, a interceder también por ellas. Tanto las vocaciones ministeriales como los servicios que podemos ejercer en la Iglesia. Que el Señor motive nuestro corazón a la oración, pero también a vivir nuestra vocación.
Cristo nos pide una respuesta vivida
La Palabra de Dios nos pone ante una pregunta decisiva este domingo: ¿quién es Jesús para nosotros? No una respuesta aprendida, no una fórmula repetida, sino una convicción que nace de un encuentro personal con Él. Así debe ser nuestra respuesta a esta pregunta.
En el Evangelio de san Mateo que hemos escuchado, Jesús lleva a los discípulos a Cesarea de Filipo y, en el silencio de aquel lugar, provoca una elección interior: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Escuchamos entonces la respuesta de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Esta profesión de fe no nace de un razonamiento humano, sino de la revelación.
Dejar que el Padre revele a Jesús
Como nos recuerda el cardenal Raniero Cantalamessa, él dice lo siguiente: “La fe no es simplemente decir algo sobre Jesús, sino dejar que el Padre revele a Jesús a nuestro corazón”. No se trata solamente de saber quién es Jesús, sino de permitir que Dios mismo nos abra los ojos para que podamos reconocerlo. El Evangelio no termina con la confesión de Pedro. Jesús le confía una misión: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Esto muestra que la verdadera fe no es solamente interior, sino que se convierte en responsabilidad y servicio.
El encuentro con Cristo transforma nuestra vida
Quien reconoce a Jesús como Cristo no puede permanecer igual. Se convierte en parte de una construcción mayor, donde Dios edifica su Iglesia sobre la fragilidad, pero la transforma por la gracia. Hoy podemos dar nuestra propia respuesta. No basta, hermanos y hermanas, repetir la fe de los demás. Es necesario preguntarnos en el silencio del corazón: “¿Quién es Jesús para mí?”. Que, en este día, esta reflexión nos lleve a una fe más viva, más personal y más comprometida, para que también nosotros podamos decir con nuestra vida: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



