20 Aug 2021

El amor a Dios completa nuestra vida

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37).

Los fariseos se acercaban de Jesús porque Él había callado los saduceos, y los fariseos también querían poner a Jesús en una situación difícil, por eso preguntaran a Él: “¿Maestro, cuál es el mayor mandamiento?”. Ellos ven que el Maestro no es como ellos, porque los fariseos están, todo el tiempo, en los templos, en las sinagogas, están ocupados con los deberes religiosos. Para los fariseos, todo es Dios; para los fariseos , la mirada humana es solo para Dios. Si estamos aquí, en la presencia de Dios, y alguien morir, problema de quien murió; si alguien está pasando necesidad, problema de quien está pasando necesidad, lo importante es que esté en Dios.

La religión de Jesús no es la religión de los fariseos; y nosotros, seguidores de Jesús, no podemos vivir una religión farisaica. El culto a Dios es esencial y fundamental, y nadie va vivir una relación con Dios si no amar a Él sobre todas las cosas, si no ponerlo por encima de cualquier cosa, si no amar a Él con todo el corazón, con todo la comprensión, con toda alma y todo ser.

El amor a Dios no puede perturbarnos, por el contrario, el amor a Dios es aquel que nos convierte plenos; el amor a Dios nos acerca a Él, y es por eso que nosotros tenemos que amar a Él, y nuestra misión no puede ser mayor que amar a Dios.

Cuando amo a Dios de todo mi corazón, el amor de Él está en mí

Es imposible vivir la religión del amor a Dios si no tenemos la misma intensidad en el amor al prójimo y a sí mismo. El segundo mandamiento es semejante: “Amarás tu prójimo como a ti mismo”. Entonces, tenemos que amarnos, tenemos que cuidar de nosotros, tenemos que ser responsables por nuestra vida. Nada de vivir un despojamiento irresponsable en que no cuidamos de nuestra salvación, no cuidamos de nuestra salud, no cuidamos de nosotros como persona humana. Cuando no nos cuidamos, no vamos a cuidar de nuestro amor a Dios, y no vamos amar al prójimo con la intensidad del amor con que él tiene que ser amado.

No podemos relativizar, relajar en nombre del amor a Dios. No podemos ser una persona relapsa, porque estamos evangelizando , predicando, adorando y rezando mucho.

El amor a Dios nos lleva a ser personas equilibradas, pues el desequilibrios en la vida crea situaciones desproporcionales y nos hace personas no verdaderamente tementes al Señor. Cuando amamos a Dios de todo el corazón , el amor de Él esta en nosotros, y es este amor que llevamos a nuestro projimo, a nuestro hermano, es con este amor que cuidamos de nosotros.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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