10 Jan 2019

El amor sana las cicatrices del desamor

El amor, muchas veces, exige el silencio meditativo y contemplativo, de quien guarda en el corazón amor para sanar las cicatrices del desamor

“Si uno dice «Yo amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20).

Vivimos en un mundo de mentiras, de falsedades e hipocresías. Hay un mundo de mentiras en la vivencia de nuestra fe, y tal vez la gran mentira que podemos vivir en nuestra vida es decir que amamos a Dios. Es un amor hipócrita, porque sino amamos nuestro hermano, a quien estamos viendo, ¿cómo vamos amar a Dios que no vemos?

Dios se hace real en nuestro medio en las personas que necesitamos amar, y aquí no se trata de aquella hipocresía y falsedades, tratase de la verdad, porque, sino, vivimos de muchas mentiras en nuestra vida. No hay cosa peor que una vida mentirosa, falsa y engañosa.

Yo no me dejo iludir, porque la persona esta allá adorando Jesús, pasa horas adorando y cantando para Él, exaltando y predicando, pero cuando miro para la vida de la persona, ella no ama su hermano y no tiene testimonio de amor. Se habla mucho de testimonio: “Hizo eso. Hizo aquello”, pero nuestro gran testimonio es amarnos, de verdad, unos a otros, amar aquel que no queremos, no soportamos, pero estamos en la presencia de él, amar quien nos hizo mal, quien nos perjudico, hablo mal de nosotros y actuó contra nosotros, amor verdadero y autentico.

Cuando amamos, no derrumbamos el otro, no hablamos mal de él, sea lo que sea para contra poner a quien nos hace bien.

El amor, muchas veces, exige silencio, pero no es solo el silencio de hablar o dejar de hablar. Es el silencio meditativo, contemplativo, el silencio de quien guarda en el corazón amor para sanar las cicatrices de desamor.

Si el otro me perjudico o me hizo mal, no voy devolver lo que él me dio. Si él me dio desamor, voy devolver lo que él me dio con amor y oración. “Reza por aquellos que te persigue”.

¡Necesitamos rezar unos por los otros! Generalmente, en nuestras oraciones, ponemos aquellas personas que queremos muy bien. En realidad, la oración debería ser, en primer lugar, por aquellos que no queremos muy bien, sin hipocresía, porque necesitamos reconocer que hay personas que no queremos tan bien. Entonces, no estamos rezando primero por aquellas personas, estamos rezando por nosotros y por nuestro corazón, para que él sea sanado y libertado de aquel sentimiento negativo que tenemos en relación aquella persona.

No quiero vivir, en mi vida, ninguna decisión de desamor. A veces, nuestro corazón no consigue acompañar la razón, pero la decisión es amar siempre. Entonces, nuestro esfuerzo, nuestra oración es para vivir, porque no podemos vivir con Dios una relación hipócrita.

No crecemos en la intimidad con Dios, porque cultivamos una mística oracional, centrada en Dios y sin estar centrada en el mundo en que estamos. Tenemos situaciones no solucionadas en la vida, de amor y relación, pero creemos que olvidar eso y estar en Dios nos salva.

No vamos para la presencia de Dios hasta pagarnos la última moneda, hasta solucionar todas las situaciones no solucionadas por falta de amor en esta vida.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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