15 Feb 2020

Jesús ten compasión de la hambre de la humanidad

“Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado” (Mc 8, 8)

Nosotros estamos delante de un hecho que es común en todos los tiempo de la historia de la humanidad, personas hambrientas, multitudes sufriendo, porque no tiene lo que comer. En este caso de la Palabra, vemos que la multitud estaba hace tres días escuchando Jesús, a los pies de Él, y Jesús tuvo compasión de aquella multitud. Tener compasión es sentir el dolor del hermano, tener compasión es entrar en el sufrimiento, en el tormento que esta tomando cuenta del corazón de las personas.

¡Que triste es la persona insensible, que triste es el alma humana que no se sensibiliza con el sufrimiento y con el dolor del otro! Que triste es quien come y deja ser llevado por la gula, pero no se recuerda de quien pasa hambre, no tiene compasión de quien no tiene lo que comer, no tiene lo que vestir tampoco lo suficiente para sobrevivir.

La compasión, el sufrir con el otro, toma cuenta del corazón de Jesús. La Pasión de Cristo no solo en la cruz, cuando Él muere por toda humanidad, la Pasión de Jesús es en la compasión por el dolor, por el sufrimiento, por la hambre de la humanidad.

No seamos cristianos mezquinos tampoco con una espiritualidad deformada por el mundo, diciendo que el hambre del mundo es solo espiritual. Es verdad, el mundo tiene hambre espiritual, el mundo tiene hambre de Dios, el mundo tiene hambre de justicia y verdad, pero también padece el hambre de pan de cada día. ¡Deja tu niña algunas horas sin comer, para ver el desespero que ella va crear! Quedate algunos días sin comer, para ver, la ansiedad tomando cuenta de tu corazón y de las situaciones.

El mundo padece el hambre de pan de cada día

No nos compadecemos con aquellos que pasan días sin comer, con aquellos que se levantan a cada día y no saben se van tener el pan para comer de cada día. Por eso, la pedagogía de Jesús es enseñarnos que todos los alimentos que tenemos son sagrados, es don y dádiva divina. Cada comida en casa, en la familia, en el restaurante, donde quiere que este, no puede ser, solo, un acto de tender boca abajo sobre el alimento tampoco entregarnos de forma desesperada para comer, para caer, para sanar y vivir curtiendo las golosina de la vida. ¡No! El pan es para ser partido, el pan es para ser compartido. La primera partición es bendecir, es dar gracias a Dios, es bendecir a Él por el alimento.

¡Que triste una familia, un niño, un joven, un adulto, un mayor, un padre, una madre que se sienta a la mesa para comer y no reza, no da gracia a Dios ni bendice! Muchas de nuestras familias cristianas parecen paganas, incluso en el momento de comer, porque nosotros perdemos el sentido sagrado de la alimentación.

Demos gracias a Dios por el alimento de cada día. Después de todo que tenemos en nuestra mesa, en nuestro armario y nevera, tengamos siempre el diezmo de los pobres, lo que vamos repartir con los demás.

Todo lo que compartimos es multiplicado en bendición y en la gracia de Dios. Ellos tenían solo siete panes, y Jesús dio gracias; aquellos panes, en realidad, se multiplicaron y sobraran, porque subieron compartir.

Quien no comparte su pan, quien no comparte de su mesa vive un fe egoísta o una fe desencarnada de Jesucristo, Aquel que se encarno para tener compasión de la humanidad sufridora.

Que nuestro alimentar haga de nosotros alimento para alimentar el hambre del mundo, el hambre de Dios, el hambre del pan, el hambre de sernos cuidados.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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