05 Jul 2020

Jesús sana nuestro corazón agitado

“Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré” (Mt 11, 28)

¡Jesús esta nos invitando para irnos hasta Él, porque estamos tan cansados y fatigados bajo los pesos de los fardos de la vida! Es necesario decir que cansa mismo, nos cansamos los trabajos, las inquietudes, los problemas. Nos cansa las cosas que no funciona, las frustraciones y decepciones. Incluso nos renovamos, ganamos un impulso nuevo, pero luego estamos frustrados y decepcionados.

En un ritmo tan acelerado, como es la vida en los tiempos en que vivimos, nosotros nos fatigamos con más facilidad, porque vivimos en una era donde todo es para ahora, es la ansiedad de los tiempos que, como el viento, nos impulsa para allá y aquí todo el tiempo.

Nuestro primero cansancio es el mental, y como nuestra mente se cansa con muchas cosas que tenemos que absorber, solucionar y responder, que incluso respondemos en el impulso del momento. Las personas nos mandan mensajes en las redes sociales, y ellas quieren respuestas; nosotros también las queremos. Nos cansamos, porque preguntamos y la persona no responde, y así nos cansamos de toda esta fatiga de las tiempos, porque vivimos una verdadera correría mental.

Si dejarnos Jesús enseñarnos el camino de la humildad y de la mansedumbre, curaremos nuestro corazón

Jesús no cede la ansiedad de los tiempos ni la ansiedad de la presa de nuestro corazón. Él sabe que es necesario amansar esta forma inflamado, violento y apresado de los tiempos. Y por eso Él esta diciendo: “Aprender de mí, porque soy manso”.

Manso es aquel que no se agita, no se lleva por las ondas violentas de los sentimientos, de los afectos ni de los pensamientos. Manso es aquel que sumerge en la serenidad del alma, es aquel que busca la sobriedad del Espíritu y no se deja llevar por los impulsos de los acontecimientos. Hora viene un aquí con una inquietudes y una preocupación, y luego quedamos atormentados, angustiados e inflamados.

Mansedumbre no quiere decir frialdad, indiferencia ni poco caso. Manso es aquel que mira con precisión y calma la dirección que necesita dar para cada situación.

Un corazón manso, es obvio, necesita ser humilde como el corazón de Jesús. El corazón humilde no busca grandezas ni cosas superiores, no esta siempre por encima, no tiene siempre la razón ni quiere siempre ganar y llevar ventaja en todo. El humilde sabe su lugar, sabe perder y recomenzar.

Si dejamos Jesús nos enseñar el camino de la humildad y de la mansedumbre, curaremos nuestro corazón de la onda violenta de las pasiones de los tiempos que mueve como viento los impulsos y los pensamientos.

Necesitamos dejar que el corazón de Jesús sane nuestro corazón tan agitado.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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