El testimonio de Juan el Bautista, el Mesías revelado
“En aquel tiempo, Juan vio a Jesús acercarse a él y dijo: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. De él es de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que me ha precedido, porque existía antes que yo”‘ (Juan 1,29-34).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Mis hermanos y mis hermanas, hoy es domingo, día del Señor, y somos interpelados por esta afirmación central del Evangelio: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
Todos nosotros, los católicos, repetimos esta proclamación hecha por San Juan el Bautista en cada Santa Misa en la que participamos, justo antes de la comunión. Existen algunos componentes fundamentales en esta afirmación que son propicios para explicar y profundizar nuestra fe.
El simbolismo del cordero en la tradición bíblica y apocalíptica
La expresión Cordero de Dios se refiere, en primer lugar, al cordero simbólico presente en la literatura apocalíptica. Se trata de aquel cordero manso y aparentemente indefenso que, en el misterio de Dios, vence a la bestia del mal.
El evangelista Juan aplica este concepto al cordero pascual, que es Cristo, el verdadero vencedor del mal y triunfante en la vida de todos sus seguidores. Esta imagen poderosa se une también a la figura del siervo sufriente, presentada por el profeta Isaías.
El siervo es aquel que carga sobre sí el peso de las transgresiones de la humanidad, ofreciéndose como rescate por muchos.
Una decisión radical ante Dios
De ahí comprendemos la continuidad de la afirmación que dice: “Aquel que quita el pecado del mundo”, es decir, el equivalente a cargar con las culpas de la humanidad. Es interesante notar una distinción importante en el lenguaje bíblico.
Mientras que la liturgia católica asumió la forma plural —”los pecados”— basada en la primera carta de San Juan, el Evangelio de hoy trae la expresión en singular: “el pecado”. Esto se refiere a aquella decisión radical de no creer en el Hijo de Dios. Es decir, un pecado capital y profundo que genera todos los demás desvíos del corazón humano. Al quitar “el pecado”, Jesús ataca la raíz de nuestra separación de Dios.
La Celebración Pascual y la invitación a la acogida de Cristo
Cada domingo es una celebración pascual. Hoy, Cristo, el Cordero de Dios, se nos dará sobre el altar en todas las iglesias del mundo entero, renovando Su sacrificio de amor.
Nuestros pecados son cargados por Él para que podamos caminar en una vida nueva. La Iglesia nos señala este misterio de salvación para que no solo lo conozcamos intelectualmente, sino para que lo acojamos en nuestra existencia práctica.
El Cordero de Dios trae la verdadera paz
Somos llamados a ser instrumentos de esta verdad en la vida de otros, tal como hizo San Juan el Bautista, señalando con valentía dónde está el Cordero de Dios que trae la verdadera paz.
¡Un buen domingo a todos! Sobre todos ustedes, venga la bendición del Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Amén!



