Liberados del mal por el encuentro con Jesús
Queremos recibirte con mucha alegría en nuestras homilías diarias, pero también quiero saludar a aquellos que están en otros países, como Haití, Malasia, Nigeria y Cuba. Y a ti que también nos acompañas aquí en Brasil, seas bienvenido. Hoy vamos a meditar el Evangelio de San Mateo, donde escucharemos la siguiente frase:
«¿Qué tienes que ver con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» (Mateo 8,28-34)
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Los mismos demonios reconocen quién es Jesús, el Hijo de Dios. Pero aquí es importante que tratemos dos realidades: eran hombres que estaban perdidos y tenían su dignidad herida por el mal, ante una sociedad que los excluía. Que hacía que sufrieran a causa de esa dominación del mal.
De la opresión al reconocimiento: Cristo sana el corazón herido
Pero Jesús va a su encuentro y nos muestra algo muy fundamental: Cristo nunca abandona a quien está herido. Si hoy tú vives herido, lastimado, incluso por tu propio pecado, y te sientes culpable, Jesús vino para salvarte. Él jamás te abandona.
Por eso necesitamos comprender que este Evangelio nos está trayendo algo importante. Jesús quiere liberarnos del poder del mal y de todo aquello que nos oprime. Y por eso atravesó el mar y llegó a una tierra pagana; Él se preocupa por todos, no hace distinción de nadie.
El llamado a la verdadera liberación
Otra palabra aquí importante y fundamental es reconocer quién es Jesús en nuestra vida. Por eso, hermano mío, hermana mía, el triste contraste son los hombres que recuperaron la vida, mientras que los pueblos estaban preocupados por las pérdidas de los cerdos que se arrojaron al mar.
En lugar de alegrarnos porque Dios vino a visitar a su pueblo, muchas veces nos alegramos solamente por aquello que es material, y eso nos oprime, eso nos vuelve cautivos. Pero Jesús vino para liberarnos de toda y cualquier prisión.
Que, en esta homilía, puedas hacer la experiencia de reconocer que Jesús es el Hijo de Dios, para que seas liberado de toda opresión y dominación del mal.
Que nuestro Señor nos bendiga y que el Espíritu Santo nos conduzca cada vez más a la gracia de Dios.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



