Desapegarse del mundo para recibir la vida eterna
Hoy, conmemoramos la memoria de Santa Faustina Kowalska y San Benito, dos grandes santos de la Iglesia que nos enseñarán, en esta liturgia de hoy, a renunciar y a desapegarnos para hacer la voluntad de Dios. El Evangelio de San Lucas nos enseña lo siguiente:
“Maestro, ¿qué debo hacer para recibir en herencia la vida eterna?” El Señor le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia, con toda tu fuerza y a tu prójimo como a ti mismo.” (Lucas 10, 25-37)
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Jesús comienza entonces con una pregunta muy importante, pero Él no responde de forma inmediata. Conduce a aquel hombre a mirar la Palabra de Dios.
Desapegarse de la vida antigua
Jesús quiere que aquel hombre reflexione: ¿por qué necesita renunciar? ¿Por qué necesita desapegarse? Y Jesús crea, en su corazón, un cuestionamiento. El Señor quiere que aquel hombre pueda hacer la voluntad de Dios, pero no por obligación, no por coacción, sino por libertad, por amor.
¿Cuántos de nosotros caminamos por los caminos de Dios, pero todavía acumulamos, en nuestro corazón, nuestras voluntades de la vida pasada? Y el Señor quiere hoy, a través de esta liturgia, acercarnos a la voluntad de Dios. ¿Qué debemos hacer para recibir la vida eterna?
Con valentía, asumir la libertad interior
¿Será que tú y yo tenemos el valor de responder con generosidad, con gratuidad, al llamado de Dios? Necesitamos ser instrumentos en Sus manos para comunicar Su misericordia. Aquel hombre tenía un anhelo, tenía un deseo de hacer la voluntad de Dios, pero el apego, su corazón todavía egoísta, no abrían espacio para la libertad interior, aquella que nos conduce hacia la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios, cuando es acogida, genera muchos frutos, y el desapego de las cosas de este mundo se vuelve natural en nuestro corazón.
Que Jesús nos ayude a reflexionar antes de responder a la voluntad del Padre, y que Él nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!



