11 Aug 2020

Los niños nos enseñan la pureza de la gracia del Reino

“En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos.” (Mt 18, 3).

En el Evangelio de hoy, hay dos cosas muy importantes. La primera de ellas es convertirnos para ser como niños, convertir para la pureza y para la gratuidad, convertirse para ser pequeño.

Los niños no eran nada, no eran ni contadas, no habían importancia ni acepción. Entonces, nuestra primera conversión es para sernos sin importancia y acepción, porque vamos ser muy importantes y significantes para Dios. Para el mundo, los niños son pequeñas y las personas dicen: “Los niños no saben de nada”.

Que bueno que no sabemos de nada, que bueno que sepamos aprender todo de Dios, con Dios y en Él, y con Dios y en Él seamos todo. Que bueno permitimos que nuestra mente tan sucia, por todo aquello que el mundo adulto puso dentro de nosotros, sea renovada y purificada por la inocencia y pureza de un niño.

El Reino de los Cielos pertenece a los puros de corazón. Que los niños nos enseñan la pureza de la gracia del Reino de los Cielos.

La segunda realidad es que necesito acoger el Reino de los Cielos como niños, pero es necesario acoger cada niño. “Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (Mt 18, 5).

No desprecies ningún de estos pequeños, no desprecies ninguna de estos niños, no maltratemos y tampoco ignoremos nuestros niños.

Permitamos que nuestra mente sea renovada y purificada por la inocencia y pureza de un niño

Sé que ningún padre, ninguna madre, en sana conciencia y juicio, es capaz de despreciar un niño. Aquí, es necesario ser incisivo en la educación, en el cuidado y en el respeto de la propia educación de nuestros hijos. No se crea hijos gritando, con palabras pesadas, con agresiones, ni voy llevar en cuenta que haya agresiones físicas, pero hay muchas agresiones verbales.

Agredir la moral de un niño es cuando los padres se agreden entres ellos, no se respetan. Agredir la formación, incluso, la inocencia y la pureza de un niño, es cuando este tiene que habituar a la casa con los gritos. Agredir la inocencia de un niño es cuando una casa, una familia los padres hablan palabrotas, palabras feas, impuras y malditas. Sé que algunos van decir: “Es solo un impulso. Soy acostumbrado”.

Lave la boca y el corazón, purifique el ambiente y no acostumbre, porque el niño imita todo que los padres hacen, cuando no hace en el momento, guarda en el corazón todas las cosas que en ese ambiente se escucha, se habla y se practica.

Acoger un niño no es solo dar una casa o cumplir lo que ella quiere, dando a ella regalos y juguetes, pues es necesario cuidar de los niños como ellas necesitan ser: niños.

No trate los niños como adultos porque ellas no son adultos; niños necesita ser cada vez más niño, acogida, amada, respetada y muy bien tratada, para que, después, no pague el precio tan alto como nosotros pagamos, porque no cuidamos bien de nuestros niños.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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