06 Sep 2019

Celebremos la vida nueva de Dios en nosotros

“Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar” (Lc 5, 35).

Los fariseos y los maestros de la Ley estaban incomodados porque los discípulos de Juan ayunaban, hacían penitencia; mientras que los discípulos de Jesús no los hacían. Jesús proclamaba: “«¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?” (Lc 5, 34).

La Palabra de Dios esta nos dando discernimiento para comprender que, en la vida y en la fe, hay un tiempo para cada cosa; y, cada cosa, necesita ser vivida en su tiempo y de forma intensa.

Si, hoy, estamos celebrando la presencia de Dios entre nosotros, no hay porque quedar tristes; no hay porque penitenciar, no hay porque ayunar, porque, ahora, es hora de festejar y de celebrar.

No podemos transformar el domingo, día del Señor, en un día penitente. Necesitamos transformar el día del Señor en el día de Él, porque el Cristo vivo esta en nuestro medio, el Cristo resucitado tiene que ser aclamado y celebrado con todo el amor de nuestro corazón.

Días vendrán en que celebraremos la Pasión y la Muerte del Señor. Hay días que nosotros determinamos nuestra propia vida. La Iglesia determina, por ejemplo, que, en los viernes, en memoria de la Pasión del Señor, nos dediquemos más a la penitencia, al ayuno sobrio, pero que los hagamos.

Con la misma intensidad que vivimos penitencias y ayuno, necesitamos celebrar la vida nueva de Dios en nosotros

No podemos simplemente creer que la fuerza de la penitencia y del ayuno solucionan todas las cosas. Con la misma intensidad que necesitamos vivir penitencias, practicar el ayuno, nosotros también, necesitamos celebrar la vida nueva de Dios en nosotros. Eso es sobriedad, discernimiento y vida plena de Dios en nosotros.

Hay días que necesitamos llorar y lamentar por la personas que falleció, lo que no podemos es transformar la vida entera en un velorio. Hay el momento de llorar, pero hay el momento de levantar la cabeza y levantarse. Hay los momentos en que estamos muy alegres, pero no podemos quedar alegres y celebrando todo el tiempo. Necesitamos parar, recoger, rever y así por delante.

La gracia de Dios es un vino nuevo y hace nuevas todas las cosas. Necesitamos de un nuevo corazón, de una nueva mentalidad para acoger la novedad del reino, porque, sino nos cerramos en nuestros pensamientos, en nuestros sentimientos, en nuestras concepciones de la vida. “Nací así, voy morir así; pienso así, es así que tiene que ser”, de esta forma, Dios no realiza el nuevo en nuestra vida.

La gracia nueva, el vino nuevo llegaran hasta nosotros, por eso, los acojamos con todo el amor; silenciemos cuando es necesario silenciar; hagamos ayuno cuando es necesario hacer ayuno; pero es importante tener siempre un corazón nuevo para acoger el nuevo de Dios.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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