03 Sep 2019

Callemos y expulsemos el demonio de nuestra vida

“Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos. sin hacerle ningún daño” (Lc 4, 35).

Jesús es el profeta que enseñaba y hablaba con autoridad. ¿Cuál es la autoridad de Jesús? Primero, es la autoridad de la vida. Él habla lo que cree y vive. Y quien vive con coherencia la propia vida, tiene autoridad sobre las incoherencias de la vida, sobre los males de la vida, sobre los demonios de la vida. Los demonios tremen y corren de Jesús.

Sabemos que el demonio que tiene poder de tirar las cosas en nuestra cara. Sí, es la artimaña de él, es él quien utiliza el artefacto de decir: “Mira como tu eres”. Es él quien nos pone sentimiento de culpa; es él quien quita nuestra autoridad para hablar, corregir, para orientar nuestra vida y la vida del otro.

La autoridad de Jesús es porque el demonio no tiene poder sobre Él. Él no da vez ni voz al demonio y las acciones del mal en tu vida. Jesús no tiene pacto con la mentira, con la falsedad, con impurezas, orgullo y soberbia. De ninguna forma la santidad reprime los pecados, que las acciones del maligno en nuestro medio, por eso, el demonio treme y corre de Él.

Tenemos que no solo callar las fuerzas del mal que están gritando dentro de nosotros, como tenemos de expulsarlo de nosotros

Yo miro para ese hombre del Evangelio de hoy, poseído por espíritus impuros, que el deja agitado, muy mal, para bajo; y, cuando viene a Jesús, comienzan a gritar: “¿Lo que quiere de nosotros?

Jesús no piensa dos veces, Él tiene la autoridad sobre el poder del mal; entonces, Él realmente decreta y determina: “Primero, callate”. No podemos dejar el mal hablar en nuestra vida, no podemos dejar el mal tener voz y autoridad en nuestra vida.

No podemos solo callar las fueras del mal que están gritando dentro de nosotros, como tenemos de expulsarlo. Los demonios, los malos pensamientos, malos sentimientos, pero intenciones, el orgullo y la soberbia. “Silencio, callate, y sal de mi vida. Pare de atormentar mi casa, mi familia”.

No podemos perder tiempo discutiendo con malicias, impurezas, gritos y cosas mundanas. Cosas mundanas nosotros silenciamos y expulsamos de nuestra vida, porque, muchas de ellas son demoníacas y toman cuenta de nosotros.

En la autoridad de Jesús, expulsemos de nuestra vida lo que esta en nuestro alrededor, el poder y la acción del mal. Necesitamos entender bien lo que es impuro. Es todo lo que es sucio, mal, dubio y nos lleva a querer el mal, pensar mal, desear el mal y hacer mal al otro.

No podemos dejar crecer esta mania de querer hablar mal de la vida del oto, generalmente, hablando mal, pensamos y deseamos el mal, porque, estas fuerzas crecen en nosotros y, por eso, quedamos tan mal en la vida.

Para que el mal no tenga fuerzas sobre nosotros, ordenemos, en la autoridad de Jesús: “Silencio; y sal de nuestro medio”.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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