Aspirando la fidelidade como Santos Cornelio y Cipriano
“En aquel tiempo, dijo Jesús: ¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Son como niños que se sientan en las plazas y se dirigen a sus compañeros diciendo: ‘Tocamos la flauta para vosotros y no bailasteis, hicimos lamentaciones y no llorasteis” (Lucas 7, 31-35).
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Mis hermanos y mis hermanos, en la liturgia de hoy, nosotros celebramos la memoria de Santos Cornélio y Cipriano. Un, desahuciado del papado, fue exilado. El otro, fue perseguido y martirizado.
Aspirando el amor de Dios
La primera lectura de hoy comienza diciendo: “Aspirar los dones más elevados”. Tu, que vas a la Santa Misa en ese día de hoy, vas escuchar en la primera lectura: “Aspirar a los dones más elevados”, y finaliza diciendo que “el mayor de los dones es el amor, la caridad, que es el amor en acto”.
Un Papa y un obsipo aspirando al don mayor, que es amar a Cristo al punto de abrir manos del mas alto cargo en la Iglesia Católica, que es el papado, y abrir mano del bien más preciosos que nosotros tenemos, que es la propia vida. Y todo eso por causa de Jesucristo: Cornelio y Cipriano. Todo por causa de Nuestro Señor y no por motivo de un arribismo o un oportunismo.
El testimonio en la donación de la vida
Los dos han vivido la dimensión de la función, de la función que ejercen, de la vocación que recibieron de Dios para servir al pueblo de Dios y dar la vida por el Señor. Dos hombres de una misma generación que supieron bailar al sonido de la flauta de la fidelidad y también a su enseñanza, su doctrina, y supieron derramar lagrima de la entrega a Dios, de la entrega de sus vidas.
Dos grandes testimonios de amor y fidelidad que hoy calientan nuestro corazón. Tenemos el dictado: ¿bailar de acuerdo con la musica, no es? El Señor esta nos proponiendo la conversión, un camino nuevo. Vamos entrar en ese movimiento de gracia y vamos dejar que Jesús tranforme nuestro corazón.
Que hoy Él encuentra espacio en ti para derramar Su bendición y Su gracia.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



