16 Dec 2019

Alimentemos nuestra comunión con Dios

“¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te lo ha encargado?” (Mt 21, 23)

En el Evangelio de hoy, mientras Jesús enseñaba los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, vieran cuestionarlo sobre Su autoridad, cuestionarlo de donde viene toda la capacidad que Él tenía para hacer, enseñar, exhortar, guiar y hacer todo lo que Él hacia.

No es que ellos querían saber de donde venía la autoridad de Jesús, en realidad, ellos se sentían sin ella, porque, para ellos, tenía tal virtud quien tenía un cargo; y faltaba a él la autoridad moral.

No podemos dejar que nuestra vida disminuya cuando perdemos el derecho de ordenar. En una casa, si un padre y una madre no tiene autoridad, la casa va caer, va entrar en ruinas.

Entienda que la autoridad no es autoritarismo; es la autoridad de la vida, de la autenticidad, y ella viene de bien ejercer y testimoniar lo que se hace.

Podemos hablar muchas cosas bonitas sobre Dios, pero no tendremos autoridad si no tenemos comunión con Él

Los sumos sacerdotales ya no tenían más esta autoridad delante del pueblo, porque no llevaba esto a serio, no respetaba. No podemos perder la autoridad de la fe, no podemos perder la autoridad en nuestra casa, en nuestra familia ni en el mundo.

Necesitamos, por el testimonio evangélico, por nuestra comunión con Dios, somos testimonia de Él para el mundo. Podemos incluso hablar mucho de Dios, incluso podemos hablar muchas cosas bonitas sobre Él, pero no tendremos autoridad si no tenemos comunión con Él.

Los sumos sacerdotales y ancianos del pueblo eran “autoridades religiosas”, pero la religión se convirtió tal forma, una religión tan buena, del legalismo, que no se convirtió la religión de la comunión con Dios, de la relación profunda e intima con el Señor. Por eso, Jesús tenía autoridad, porque Él no solo hablaba, pero vivía; Él no solo decía lo que sabía, pero alimentaba, profundamente, su comunión con Dios y trae para los Suyos.

No podemos, simplemente, hablar de Dios, necesitamos traerlo, llevarlo y ser la presencia de Él con nuestros actos, nuestras actitudes, con nuestras humildad y reconocimiento de nuestra propia debilidad, con nuestra conversión, nuestros cambios de actitudes, porque así viviremos nuestra relación de autoridad con Él.

Solo puede ser autoridad de Dios para con los demás quien, de verdad, es sumiso a Él y Su Palabra.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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