16 Feb 2020

Nuestra justicia tiene que ser la justicia de Dios

“Si no se proponen algo más perfecto que lo de los fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos” (Mt 5, 20)

No basta creer que somos justos porque todo mundo se cree justo según su propria justicia. Nuestra justicia no puede ser como la del maestro de la ley, del fariseos, de los hipócritas. Nuestra justicia no puede ser tiene que ser la justicia de Dios.

Jesús nos enseña, hoy, tres cosas importante: no vale decir: “Yo no mato, nunca he matado a nadie”; mi hermano, si tu encoleriza con tu hermano, tu ya eres digno del reo o del tribunal de Dios, de ser reo en el tribunal divino. Tu sabes que la cólera toma cuenta de nosotros, que somos movidos por la rabia, por el sentimiento, por el rancor. Fácilmente nos irritamos, y el corazón irritado (que parte para la ira) se convierte un corazón destemplado y dijo intemperie de las más tempestiva posibles, salen palabras pesadas, agresivas, duras. Entonces, si queremos vivir la justicia controlemos, en primer lugar, nuestra cólera.

La ley divina dijo: “No cometerás adulterio”. “Gracias a Dios nunca he adulterado”: el otro puede estar se vanagloriando de eso. Mi hermano, si tu ya mira para el otro, si tu ya mira para la otra deseando, el adulterio ya entro en tu corazón. Por eso, es necesito purificar la intención interior, purificar y vigilar nuestra propia mirada porque estamos mirando para lo que es pecaminoso y que trae la impureza para dentro de nosotros. Entonces, no puede vanagloriarse de haber cometido o no el adulterio, lo que necesitamos es purificar nuestra mirada porque la mirada pura es lo que nos mantiene en la pureza y en la integridad de vida.

Es la justicia que nosotros queremos exigir de los otros, pero nosotros no somo justos tampoco en nuestras conversas

Después, nosotros nos necesitamos jurar, nosotros no necesitamos, de alguna forma, poner peso en nuestra palabra. Lo que nosotros necesitamos es de autenticidad, es vivir la verdad y parar de mentir. “ah, son solo pequeñas mentiras”; “ah, fue solo para engañar”: no existe pequeña “mentira”, lo que existe es mentira, porque, o tu eres una persona verdadera, una persona autenticidad solo cuando quieres y las cosas te son favorables. Autentico es autentico, verdadero y verdadero. Aquel que comulga de cualquier mentira no es digno a ser un discípulo de Jesús. “Que vuestro sí sea sí, que vuestro no sea no”, y lo que pasar de eso es del maligno y diabólico.

Porque existe personas que, delante de nosotros, habla que “sí”, y por la espalda habla “no”; existe aquel que, cuando esta contigo quiere te agradar y hablar un monte de cosas, pero cuando esta en tu ausencia habla otra cosa. Esto es hipocresía del mundo: nuestra falta de autenticidad; es la justicia que nosotros queremos exigir de los demás, pero no somo justos tampoco en nuestras conversas; conversas inciertas, palabras inciertas. Un hombre y una mujer sin palabra es un hombre y una mujer sin autenticidad. Y ser sin palabra es: decir una cosa aquí y otra allá.

Que nuestra palabra aquí sea esa y, en la ausencia de persona, sea la misma palabra, esto es, ser autentico, porque, lo que pasa de eso es del maligno y diabólico.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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