La multitud seguía a Jesús con esperanza
Domingo, día del Señor. Este día debe ser para nosotros un día de fiesta, de alegría y de encontrarnos con el Señor, que tiene compasión de nosotros. Eso es lo que el Evangelio nos trae y lo que debe mover nuestro corazón hacia el prójimo y hacia aquel que esté cansado, desanimado y abatido. El Evangelio está en Mateo:
«Jesús levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a sus discípulos. La multitud seguía a Jesús porque ponía su esperanza en Él» (Mateo 14,13-21).
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Hermano mío, hermana mía, muchos de nosotros pasamos por diversas realidades que pueden llevarnos al desánimo. Jesús, cuando bendice los panes y los distribuye a aquella multitud que estaba como ovejas sin pastor, se llena de compasión y se mueve para estar con ellos.
La multitud conmueve el corazón de Jesús
Jesús estaba saliendo para descansar, pero, al ver que la multitud estaba allí sobre la hierba esperando su presencia, se conmovió de compasión. Cristo jamás permanecerá indiferente ante nuestro sufrimiento. El texto afirma que Él tuvo compasión, es decir, el corazón de Dios siempre se inclina hacia aquel que sufre.
Se inclina hacia quien está perdido, hacia quien está cansado y abatido. Los discípulos querían despedir a la gente, pero Jesús responde: «Dadles vosotros mismos de comer». Esta palabra también está dirigida a cada uno de nosotros.
El milagro de compartir pasa por la providencia
Muchas veces pensamos que tenemos poca fe, poca paciencia, poco amor, pocos recursos. Sin embargo, Jesús no nos pide cantidad; nos pide disponibilidad. Cuando le entregamos el poco que tenemos, Jesús es capaz de realizar el milagro en nuestra vida.
Necesitamos comprender que todo nuestro esfuerzo también depende de la gracia de Dios, derramada sobre nosotros. Y el milagro nace de la confianza, nace en el corazón disponible y en la gracia del Señor. Que tu corazón sea alcanzado, que tu corazón sea tocado por este Dios que siente compasión por cada uno de nosotros.
Que el Señor nos bendiga y nos cure de todo mal. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



