05 Apr 2019

La luz de Dios ilumina las tinieblas de nuestro corazón

No apaguemos la luz de Dios, no dejemos que nuestro corazón continúe caminando en las tinieblas

“Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver” (Jn 7, 10).

Jesús caminaba por la Galilea y evitaba caminar en la Judeia, porque los judíos intentaban matarlo. Jesús incomodaba y caminaba incomoda, y todo aquello que es incomodo queremos quitar de nuestra vida, porque nadie quiere ser incomodado.

Si no somos incomodados por Dios, permaneceremos en el comodidad espiritual, en la comodidad de la fe, de no preocuparnos unos con los otros. Nada de religión soft, aquella religión donde solo queremos vivir la levedad del alma.

Jesús vino para sacudirnos mostrarnos donde estamos equivocando y pecando, pero no es para acusarnos; por el contrario, es para libertarnos. Aquel que vive en la retaguardia, en el sentimiento de defensa, toda y cualquier mínima cosa que se hable sobre él, el corazón ya dispara el ataque. No aceptamos ser corregidos, no aceptamos ser cuidados, preferimos dejar que la vida camine y creemos que tenemos siempre la razón.

Esta es la razón por la cual quieren matar el Señor, poner las manos en Él y prenderlo, porque Su presencia molesta. La luz molesta quien esta en la oscuridad.

A veces, despertamos por la mañana y alguien enciende la luz, y esta luz causa impacto en nosotros, molesta mucho, peor no es este incomodo el problema. El problema es el incomodo de la luz de Dios, que ilumina lo que no queremos ver ni queremos que los demás vean. La luz de Jesús no es para causar, pero es para iluminar y libertar.

Los hombres prefieren las tinieblas que la luz, por eso quieren apagar la luz de Dios de cualquier forma; y la forma de apagarla es eliminarla.

No apaguemos la luz de Dios, no dejemos que nuestro corazón continué caminando en las tinieblas, pero lo acogemos, amemos por encima de todas las cosas, porque Su luz, por más molesta que sea, es necesaria que moleste más.

Me preocupo cuando Dios no me molesta, cuando Su palabra no me mueve, cuando ella no me quita de mi comodidad, cuando ella no me lleva a reflexionar mi propia vida, mis propias elecciones. Me preocupo cuando veo mi comodidad, egoísmo y no me permito ser confrontado por Dios.

Un hombre y una mujer son verdaderamente de Dios cuando se dejan molestar por Dios y no permanecen en la comodidad espiritual, pero se dejan levantar e iluminar, para que la vida no camine en las tinieblas, pero en la luz de Dios.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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