La humildad manifiesta la gracia de Dios en nuestra vida
“Todo el que se enaltece será humillado, y quien se humilla será enaltecido” (Lucas 14,1.7-11).
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Hermanos y hermanas, el orgullo nos hace creer que necesitamos demostrar constantemente nuestro valor.
La humildad nace del amor incondicional del Padre
Quien quiere convencer constantemente a las personas de sus propias cualidades, en realidad está trabajando contra sí mismo. Está haciendo que crezca en su interior el orgullo, y quizá incluso la vanidad. La humildad, por el contrario, nace de la certeza de que ya somos amados por Dios. Jesús, por lo tanto, purifica la intención de nuestro corazón. Quien busca reconocimiento, en realidad, vive como un esclavo de la opinión de los demás.
Al agradar a Dios, encontrar la libertad
Pero quien busca agradar a Dios, ese sí encuentra la verdadera libertad, porque no necesita andar por ahí queriendo convencer a nadie de quién es. Tú debes ser aquello para lo que Dios te creó. Yo soy aquello que Dios piensa de mí.
La santidad no consiste en ocupar los primeros lugares, sino en permitir que Cristo sea el centro de nuestra vida. De hecho, cuanto menos buscamos destacar, más puede Dios manifestar su gloria y su gracia a través de nosotros. Cuanto más cultivamos la virtud de la humildad, más nos acercamos al corazón de Jesús, que es manso y humilde.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



