07 Nov 2019

La conversión es una lucha diaria

“Así hay más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión”  (Lucas 15,7).

La afirmación de evangelio nos dice, por sobre todo, que nadie es lo suficientemente justo para no necesitar de conversión. Creemos que no somos los grandes pecadores, que no somos asesinos, que no comentemos los crímenes que otros comenten, que no estamos fuera de la Iglesia y que, por eso, estamos a los pies de Jesús.

Creemos que la conversión es para los que están lejos; la verdad es que los primeros que necesitan ser convertidos somos nosotros mismos. Cada día es una lucha por la conversión diaria, para que nuestro corazón tan apegado y, muchas veces, seducidos por las cosas del mundo, vuelva a ser de Dios.

La conversión es una lucha diaria. Sé que existió ese primer momento que fue transformador en nuestra vida, a partir de aquella luz que penetró en nosotros, llamada Jesús. Él nos invita, todos los días, a convertirnos. Por eso, damos muchos más, damos verdadera alegría a Dios y a los Cielos cuando nos dejamos convertir cada día, de que cuando nos justificamos y nos presentamos como santo al mundo.

Cuando pensamos mal de alguien, desistimos de pensar mal: las veces que estamos enojados y nos convertimos de ese enojo; cuando tenemos malas intenciones, malos deseos, cuando dejamos pudrir ciertas prácticas en nuestra vida, nos levantamos y decimos: “no voy a vivir más eso”. Eso causa más alegría que las asambleas de justos que hacemos en nuestras iglesias para aclamarnos santos, sin permitir que Dios nos convierta.

Cada día es una lucha por la conversión diaria, para que nuestro corazón tan apegado y, muchas veces, seducidos por las cosas del mundo, vuelva a ser de Dios

El justo de Evangelio de hoy es esa persona indiferente, que realmente vive “volando”, no se enfoca en lo esencial, se cree que estando dentro de la iglesita “está bien”.  Cuando se detiene a pensar, no piensa en sus pecados ni en su propia vida, se detiene para juzgar, condenar y mirar el pecado del otro.

Dios se alegra cuando la pobre oveja, lastimada, maltratada, distante y herida por el pecado, encuentra el camino de la salvación, esa única ovejita de más alegría al corazón de Dios que la asamblea de los noventa y nueve justos que viven justificándose siempre, que viven aquella vivencia falsa de santidad y no viven la verdadera conversión.

Dios quiere nuestra conversión diaria y, por eso, Jesús elige a los pecadores y come con ellos. Dios come con nosotros cuando permitimos que Él nos convierta siempre.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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