La bondad Divina y el llamado a la viña
En aquel tiempo, Jesús contó esta parábola a sus discípulos: “El Reino de los Cielos es como la historia del patrón que salió de madrugada para contratar trabajadores para su viña. Acordó con los trabajadores una moneda de plata por día, y los mandó a la viña. A las nueve de la mañana, el patrón salió de nuevo, vio a otros que estaban en la plaza, desocupados, y les dijo: “¡Id también vosotros a mi viña! Y yo os pagaré lo que sea justo”. Y ellos fueron. El patrón salió de nuevo al mediodía y a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Saliendo otra vez a las cinco de la tarde, encontró a otros que estaban en la plaza, y les dijo: “¿Por qué estáis ahí todo el día desocupados?”. Ellos respondieron: “Porque nadie nos contrató”. El patrón les dijo: “Id vosotros también a mi viña”. Cuando llegó la tarde, el patrón dijo al administrador: “Llama a los trabajadores y págales una jornada a todos, comenzando por los últimos hasta los primeros”. (Mateo 20,1-16)
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Mis hermanos y mis hermanas, hoy es domingo, Día del Señor, 25.º Domingo del Tiempo Ordinario. Y nosotros leemos en el texto: madrugada, nueve de la mañana, mediodía y cinco de la tarde.
La bondad del Padre en nuestra vida
Dios entra en la historia de cada uno de nosotros, pero en diferentes momentos. Estas horas del día representan nuestra historia; no es una realidad cronológica, sino que representa la historia de cada uno de nosotros. Cada uno, a su tiempo, será llamado por Dios, y estas horas indican el misterio de la entrada de Dios en la vida del ser humano, que es un misterio.
Hay quienes, desde la infancia, son muy santitos, muy dedicados a Dios; hay quienes, en la adolescencia, encontraron al Señor; hay quienes en la juventud vinieron al PHN, a Canção Nova, y se despertaron para la vida de la Gracia; pero también hay quienes se despiertan allá al final, cuando ya están en sus últimos años de vida, e incluso algunos, en el lecho de muerte, experimentan el amor transformador de Dios. Es un misterio: Dios entra en nuestra vida de forma misteriosa.
El misterio de la gracia de Dios
Ahora vamos allá: a la hora del pago, ¿qué sucede? El orden se invierte; los últimos son los primeros. Y el dueño, el patrón, paga un denario. Solo para que sepáis, un denario era lo que una persona gastaba por día para vivir, entonces ella ganaba para sobrevivir. Y al pagar el patrón un denario, los primeros que llegaron comienzan a murmurar, comienzan a hacer la comparación con el otro: “¿Pero por qué el otro también ganó uno si llegó después?”. Esto crea un ambiente de rabia; ellos se ofenden porque Dios es bueno, y Dios es bueno para con todos.
Superando el enfrentamiento con la bondad de Dios
El problema es que el enfrentamiento con la bondad de Dios genera esta realidad. ¿Cómo llama el Señor a estos hombres? *Poneros oftalmos*, que quiere decir “mirada enferma”, la traducción para la palabra envidia. Él dice: “Amigo”, la traducción es “mi camarada”. Dios nos pone en nuestro lugar: “Yo soy Dios, y doy aquello que quiero, a quien quiero, en la hora que quiero”. ¡Pobres de nosotros si queremos comprender la sabiduría con la que Dios gobierna el mundo!
Isaías, en la primera lectura de este domingo, nos dice: “Así como los cielos están por encima de la tierra, así están mis caminos por encima de vuestros caminos y mis pensamientos por encima de vuestros pensamientos”. Tenemos que esforzarnos para comprender el tamaño de la bondad de Dios, que se manifiesta cuando Él quiere, de la manera que Él quiere.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



