La presentación del Señor y el día del consagrado
Hoy la Comunidad Canção Nova está de fiesta. Es el día de nuestro compromiso, el día del consagrado. En este tiempo, no solo la Comunidad Canção Nova está llamada a vivir este compromiso, sino también todos ustedes que nos acompañan a través del Sistema Canção Nova de Comunicación, por las homilías diarias y por los programas que Canção Nova ofrece a cada uno de nosotros.
Escucharemos el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículos del 22 al 32: “Cuando se cumplieron los días para la purificación, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: ‘Todo primogénito varón será consagrado al Señor'”. (Lucas 2, 22-40).
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Jesús vino para incluir y redimir
La Presentación del Señor marca el encuentro de Jesús con su pueblo; María y José, obedientes a la ley, llevan al Hijo de Dios al templo. Aquel que es la propia presencia divina entra en el templo para consagrarse. Es el momento de la revelación silenciosa y humilde: el Dios infinito que hace su morada en medio de nosotros.
Él se deja cargar en los brazos de Simeón, el profeta y sacerdote de aquel tiempo. Es decir, hermanos míos, el Niño es el verdadero templo vivo que purifica el antiguo templo con su presencia. Aquí debemos comprender que somos y debemos ser consagrados a Dios. La promesa hecha a Israel se cumple, pero se expande al mundo entero.
La salvación universal y nuestra sed de Dios
La salvación es universal; la misión de Cristo es inclusiva y redentora. Debemos tener esta conciencia que el mundo ha ido perdiendo. Hemos vivido exclusiones, llevando a las personas a excluirse de la salvación, pero Jesús vino para incluir. Jesús vino para darnos conciencia de que somos salvos por nuestra consagración, por nuestro bautismo y por nuestro deseo de ser totalmente de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice algo muy importante: “El hombre tiene sed de Dios”. El hombre desea estar cerca de Dios. Que el Señor nos ayude a vivir nuestra consagración y nuestro bautismo teniendo presente que somos de Dios, venimos de Él y a Él volveremos un día.
¡Que Dios nos bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!


