El alcance del amor para salvar el mundo
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él. El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito» (Jn 3,16-21).
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Bien, estadísticamente, en el Nuevo Testamento, la raíz del término griego que corresponde al amor, la palabra Ágape, aparece al menos 320 veces. A veces como sustantivo, no abstracto sino muy concreto. A veces como verbo, indicando el movimiento de Dios hacia nosotros. Y otras como adjetivo, para recordarnos la cualidad del amor que Dios tiene por nosotros: un amor personal e incondicional.
La salvación del mundo en la entrega perfecta
Claro que, para llegar al axioma, es decir, a la verdad suprema presente en el Evangelio de hoy, hubo todo un proceso de construcción y elaboración desde el Antiguo Testamento. Para nosotros, hoy, es relativamente fácil leer así: «Dios amó tanto al mundo que dio la vida, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna». Pero para llegar a esta conclusión, se libraron muchos combates, y el Hijo de Dios tuvo que pagar con su propia vida ese precio.
Este amor no es un amor abstracto, una idea vaga del cristianismo para decir que Dios nos aprecia. Este concepto de amor identifica a nuestro Dios. San Juan concluye: «Dios es amor»; es su identidad. Crea por amor, conserva por amor, cuida por amor, gobierna por amor, conduce por amor y salva por amor.
Este amor tampoco es algo estático, sino un movimiento descendente. No fuimos nosotros los que amamos a Dios, sino que Él nos amó primero. El movimiento parte de Dios y nunca conoce la inercia. Dios nunca está detenido. Su amor está siempre en movimiento, incluso cuando nosotros nos encerramos en nuestros pecados, incluso cuando frenamos esa fuerza de amor.
La señal del amor de Dios
Dios insiste en buscarnos y amarnos. Lo hizo con nosotros en la Pascua, en la Resurrección de su Hijo. Este amor también tiene algunos matices peculiares. Es posible describir el amor de Dios a partir de lo que Jesús mismo nos reveló sobre Él.
El amor de Dios es paciente, es magnánimo, todo lo cree, todo lo soporta, todo lo espera, todo lo perdona… nunca se acaba. Esto es lo que hoy podríamos llamar un “conjunto completo” que recibimos en la persona de Jesús. Dios nos amó tanto, tanto, tanto… Ahora es también el momento de responder a ese amor.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



