29 Jun 2019

Volvemos para el Inmaculado Corazón de María

“El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lucas 2, 51).

Celebramos, hoy, el Inmaculado Corazón de María, corazón puro y santo, corazón todo de Dios y vuelto para el Señor. Hoy, cuando nos volvemos para el corazón de María, queremos aprender algunas lecciones importantes que ese corazón nos da. “Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6, 21).

El tesoro del corazón de María era Dios, y era en Dios que estaba siempre su corazón. Ella no tuvo otros tesoros, otros amores, ella no tuvo otros valores más importantes que lo que es sagrada presencia de Dios y el sagrado amor de Él.

Toda amada por Dios, María respondió con su propio corazón sin dejar de amar a Dios un día de su vida. El corazón de ella es el corazón que contempla, medita y entra la penumbra del silencio para permanecer en la presencia de Dios.

El corazón que descubre el valor del silencio sagrado, allí se refugia, porque es allí que el corazón se purifica, se renueva y se liberta de los ruidos de este mundo.

El corazón de María es inmaculado y no se maculo con los ruidos y confusiones de este mundo, por eso, la vigilancia y la constancia de María, para permanecer en la presencia de Dios y no se macula.

Buscamos el arrepentimiento, la confusión, la sinceridad del alma y la conversión verdadera. Lo que no conseguimos es permanecer en una vida inmaculada, porque, fácilmente, dejamos macular por este mundo, especialmente, porque tiene mucha cosa que causa ruidos y confusiones dentro de nosotros.

El corazón de María es inmaculado y no se maculo con los ruidos y confusiones de este mundo

El corazón que quiere vivir la sensatez, la conversión, la santidad es un corazón que necesita refugiarse en el silencio de Dios. El silencio es necesario para acalmar esta agitación que hay dentro de nosotros, la agitación que nos deja ser personas agresivas, duras y crueles. Las agitaciones que alteran nuestro humor, altera nuestra forma de lidiar unos con los otros.

Se refugie en el silencio sagrado donde María, permanecía meditando y guardando todas las cosas. María es la mujer de la meditación.

Hacemos las cosas, muchas veces, sin meditar, sin reflexionar y sin dejarnos llevar por la sabiduría evangélica que nos da el discernimiento de lo que es correcto y lo que no es. Es el discernimiento que nos lleva a silenciar cuando es necesario, a hablar cuando necesario y buscar cuando es necesario buscar. Solo quien medita y busca el discernimiento en Dios toma los camino de la sabiduría en esta vida.

Que el Inmaculado Corazón de María nos ayude a purificar nuestro corazón para permanecer siempre en la presencia del Señor.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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