30 Sep 2018

Vencemos el mal con la ayuda de la gracia de Dios

Cuando el mal se manifiesta en nuestros pensamientos y sentimientos, busquemos santificarnos por entero con la gracia de Dios

“Si tu mano te lleva a pecar, ¡córtala! Es mejor entrar en la Vida Eterna sin una de las dos manos, que, teniendo las dos, ir al infierno, al fuego que nunca se apaga” (Marcos 9,43)

En la Liturgia de este domingo, todo el pueblo de Dios es llamado a profetizar, a ser un pueblo de la profecía, que no se calla, sino que anuncia al Señor en su Espíritu. Para que eso suceda, todos necesitamos ser santificados por el fuego del Espíritu, que arde y consume la vida de Dios en nosotros.

Cuando escuchamos el Evangelio de hoy, nos da, en un primer momento, una impresión de negativa y podemos pensar que Dios quiere que nos mutilemos, sin embargo, Él quiere que nos santifiquemos. Dios quiere forma un pueblo santo que se santifique por entero: cuerpo, alma y espíritu. Él quiere que nos ojos, brazos, nuestras manos y piernas y todo lo que somos y tenemos esté santificado, pues estamos en la gracia y la queremos llevar a los demás.

Se nuestras manos están contaminadas por el pecado, donde toquen también tocará el pecado, pero si nuestras manos están santificadas por la gracia, donde toquen irá también la gracia de Dios. Del mismo modo con nuestras piernas, nuestra cabeza, por eso necesitamos permitir que la Palabra de Dios nos purifique por enteros. Y, aunque dentro de nosotros haya comportamientos rebeldes, necesitamos mutilar, no nuestro cuerpo, sino los pensamientos, sentimientos, cortar lo que no es de Dios en nosotros.

¿Cómo cortamos? ¿Cómo retiramos? Lo hacemos con la gracia de Dios, con el fuego del Espíritu Santo, rindiéndonos al poder de Dios y colocándonos debajo de su poderosa protección. Nuestras manos son santificadas cuando las colocamos en las manos del Señor, nuestros pensamientos se santifican cuando los colocamos en la luz y en la presencia del Señor.

No dejemos que el virus del mal crezca en nosotros, porque cuando crece se convierte en una especie de tumor que debilita nuestro ser. Si dejamos que ese cuerpo tome fuerza dentro de nosotros, en poco tiempo se volverá más fuerte que nosotros, más fuerte que nuestra voluntad y de lo que podemos hacer.

Para que no seamos vencidos por el mal, debemos luchar contra el mal por la gracia de Dios. Cuando el mal se manifiesta en nuestros pensamientos y sentimientos, busquemos la gracia de Dios para santificarnos por enteros y hacer su voluntad.

Que Dios nos haga un pueblo sacerdotal y profético para que con nuestra vida podamos profetizar y hablar en nombre del Señor. Que podamos tener un doble derramamiento del Espíritu Santo para que, con nuestra vida, anunciemos y proclamemos el Reino de Dios.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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