21 Mar 2018

Transformemos nuestras pruebas en alabanza

Cuando las aprobaciones viene a nuestro encuentro, es el momento de levantar y decir a quien servimos

“Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido” (Dn 3,16-18).

Los tres jóvenes a quien Daniel transcribe: Sadrac, Mesac y Abed, son ejemplos de tres corazones temerosos y fieles a Dios. El rey Nabucodonosor pidió que ellos dejara a Dios que servían, para servir los dioses, para servir la idolatría de él y quería que todos sirvieran. El rey los amenazaba, porque, si no lo hicieran, arder en el horno ardiente que quemaba y conducía a la muerte.

Estos jóvenes fueron abandonados en el horno porque no obedecieron la orden del rey, además, ellos no solo no obedecieron, sino testimoniaron la fe que tenían en Dios de Israel. Es como si ellos dijeran: “No vamos te seguir, porque el rey a quien servimos, tiene el poder de librarnos del horno de la muerte, y aunque que Él no nos libre, jamás lo dejaremos para seguir a un dios de este mundo”.

Fe no es poner condición para Dios, “Dios me va librar de esta enfermedad, y solo así voy servirle”. Dios nos puede librarnos, lo serviré aún más, porque nuestro corazón es de Él, pero no por las condiciones que ponemos, nuestro corazón es de Dios por el amor que tenemos por Él. Quien ama no impone condición, quien lo ama se pone todo para Él.

En medio del horno, el fuego incandescente, en medio del fuego que quemaba, aquellos tres jóvenes podrían reclamar, murmurar, maldecir a Dios a quien servían, pero, ellos caminaban en medio de las llamas, entonando himnos a Dios, alabando, bendiciendo al Señor. Por ese motivo el fuego no los alcanzo, porque ellos transformaran la probación en motivo de alabanza, de acción de gracias y de bendecir al Señor.

Todos nosotros “caminamos” en medio de tantos horno ardiente que queman nuestro corazón, nuestra vida y, muchas veces, desanimamos, desistimos, nos alejamos de Dios, pero es el contrario, cuando las probaciones viene a nuestro encuentro es el momento de levantarnos y decir a quien servimos, quien es el Dios en que creemos. Y, aún que consuman nuestra vida, aunque los dolores y enfermedades llamen a nuestra puerta, rendimos al Señor Nuestro Dios, la alabanza, el honor, la gloria; rendimos nuestro corazón a Él que es bendito para siempre.

Aunque, experimentamos los débiles, somos del Señor y nuestra vida pertenece a Él. No es por las victorias que servimos a Dios, lo servimos porque Él es el amor de nuestra vida.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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