25 Aug 2021

Quitemos de nuestro corazón toda hipocresía e injusticia

“¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre” (Mt 23, 27).

Sabe, hermanos, no hay cosa más dura para el alma y para el corazón que estarnos llenos de hipocresía y de injusticia. No es la placa religiosa que salva, no es la placa religiosa o el estatuto religioso que nos pone cercanos de Dios. No es el hecho de ser padre, pastor, obispo… No es el hecho de ser laico, consagrado, miembro del apostolado de la oración, ministro de la Eucaristía. No es el hecho de ser católicos, evangélicos, cristianos. Por supuesto son los medios, es el camino que Dios nos dio para estar cerca de Él. No vamos relativizar las cosas, no vamos a poner todo y decir: “Lo que importa es que necesito ir para la Iglesia”.

¡No! Yo necesito ir, necesito ser auténtico en mi vivencia religiosa. Yo necesito ser un buen padre, ser un padre auténtico, ser un cristiano auténtico. Necesito ser un catolico auténtico. Tu necesitas ser un ministro auténtico en aquello que tu vives. No puedo poner mi cruz como si ella fuera mi eslabón de salvación y querer aparecer porque yo llevo una cruz, porque estoy con la tala religiosa en el cuello. No puedo pensar que porque soy de denominación tal, del grupo tal, del apostolado ese o aquel, que es eso que me salva. Es poner en práctica aquello que aprendí y aquello que enseño.

La religión que soporta la hipocresía no es la religión del corazón de Dios

Muchas veces, estamos llenos de formas de hablar, de convicciones, de predicación para fuera. Somos personas moralistas, exigentes con los demás, pero que dureza aquel que conoce los corazones, aquel que contempla nuestras almas y nos muestra que nuestro interior está lleno de hipocresía y de injusticia.

La hipocresía es no vivir lo que hablamos, es sernos contradictorios, hablamos una cosa y vivimos otra, pero, especialmente, sernos injustos, porque la injusticia es una de las mayores maldades.

Practicamos el mal al otro cuando somos injustos y hablamos mal del otro. Hablamos bien de Dios, pero cuando salimos delante de los demás somos personas disimuladas, hablamos una cosa aquí, otra allí, no hablamos delante lo que hablamos por trás; actuando de una forma diferente cuando estamos en esta o en aquella situación. Sin embargo, la hipocresía no cabe en la religión o la religión que soporta la hipocresía no es la religión del corazón de Dios.

Por lo tanto, si Jesús llamaba en Su tiempo la atención de los maestros en la Ley y de los Fariseos hipócritas, que no seamos los maestros de la Ley y los fariseos hipócritas, aquellos que hablan mucho de Dios de un lado para el otro, pero no viven la voluntad de Él. ¡Que Dios nos corrija!

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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