16 Jun 2020

El seguidor de Jesús es caracterizado por el amor

“Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores” (Mt 5, 44)

La norma que conocemos e incluso los antiguos conocerán es que debemos amar a los nuestros y podemos odiar nuestro enemigo. Aquí, enemigo no es solos aquel que no tiene amistad con nosotros, pero aquel que, de alguna forma, es puesto a nosotros porque nos hizo daño; porque no nos damos bien con él; no estamos de acuerdo con él; porque él no hace parte de nuestro universo de amistad y, especialmente, porque él tiene ideas y religión distintas de la nuestra. Bueno, vivimos en un campo de relación donde nos cerramos con nuestras amistades.

Es importante tener amistades y personas cercanas. Y las cosas no se mezclan, los que son amigos son amigos, y debemos realmente amar nuestros amigos, amar nuestros hermanos y aquellos que son cercanos a nosotros. No podemos odiar nadie, no podemos de ninguna forma negar el amor a nadie.

Es necesario entender que el amor que damos para quien es cercano, para quien es importante para nosotros, no es el mismo amor que damos a quien no nos quiere bien o así por delante, para todos tenemos de dar el amor. Pero, ¿cuál amor? El amor de Dios. El amor caritas, amor que transforma, renueva y no crea de ninguna forma antagonismo dentro de nuestro corazón, de nuestra alma, de nuestros afectos y sentimientos.

No podemos odiar nadie, no podemos, de ninguna forma negar nuestro amor a nadie

Si alguien me hizo mal, no puedo retribuir en la misma proporción, en la misma moneda o en la misma medida. Mi respuesta es la respuesta de un hijo de Dios, es la respuesta de un cristiano. El cristiano es un seguidor de Jesús, y el seguidor de Él es caracterizado por el amor. Entonces, mi respuesta es la medida de mi amor. ¿Y cuál es la medida de mi amor? Yo no necesito estar cerca, mimando aquella persona como si nada tuviera ocurrido. Yo rezo por ella, por eso, cuando Jesús dijo: “Recen por sus perseguidores”, es porque el mal que alguien nos hace causa una persecución en el alma y en el corazón, nos sentimos angustiados y perturbados con el mal que viene del otro.

¿Cómo cambatir ese mal? Por el poder de la oración. De nada vale quedar creando, intrigas, especialmente de nada vale quedar hablando mal del otro. El mal que hablamos o pensamos del otro hace un mal terrible para nosotros y para nuestro corazón.

Para que yo no viva triste por el mal que viene del otro, responde en el pode de la oración; rezando por él, entregando él a Dios y, especialmente amando en la medida, en mi proporción, en mi empeño; y una respuesta muy concreta que yo puedo dar del amores: si no puedo hacerme presente como mi madurez ejige, que, en mi ausencia, yo, de ninguna forma, hable mal, persiga o trate en la misma medida quien no me hace bien en esta vida. Amemos nuestros hermanos, especialmente aquellos que no nos hacen bien.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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