09 Oct 2019

La oración es la grande gracia de nuestra vida

“Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos” (Lc 11, 1).

La preces, la súplica muy sincera de ese discípulo debe ser también nuestra preces, nuestra súplica y anhelo de nuestra alma. Hasta queremos rezar, pero no sabemos, y sólo quien puede enseñarnos es Aquel que es el modelo de nuestra oración.

Jesús, un hombre que reza, se ponía en la presencia del Padre, día y noche, para vivir esta comunión de fe, de amor y comunión intrínseca entre el Padre y el Hijo. Ya que Él nos convirtió hijos de Dios por donación, que Jesús también nos enseñe a vivir la comunión que vivió con su Padre, porque, si no vivimos la comunión con Dios, nos perdemos en el medio del mundo, de las agitaciones, de las tribulaciones y de toda las ocupaciones que tenemos.

Necesitamos aprender a tener comunión con Dios, y quien puede enseñarnos es Jesús. Necesitamos querer rezar, porque la oración es la actitud del alma, del corazón, es, incluso, una actitud corporal. Es decisión de vida querer rezar.

Cuando decidimos rezar, Jesús nos da el Espíritu que reza, el Espíritu Santo, el Espíritu que reza en nosotros hasta cuando no sabemos rezar. Por eso, toda oración es guiada a nuestro Padre, aquel que 4es el Padre de cada uno de nosotros.

La oración es actitud de alma, de corazón, es, incluso, actitud corporal. Es decisión de vida querer rezar

No podemos dejar de ponernos en los brazos de Dios, en el regazo del Padre, porque tenemos esta relación afectiva, filial, amorosa y tierna con nuestro Padre. Es todo que necesitamos, tener una relación verdaderamente amorosa con nuestro Padre.

Engrandecer, santificar, exaltar el nombre de Aquel que es el Señor Nuestro Dios, pedir que Su Reino esté entre nosotros, suplicar, especialmente, que cada día, podamos vivir el perdón, la misericordia y la reconciliación. Pedir a ese Padre que nos de el pan necesario, pero ese pan que pedimos al Padre que no es nuestros, no es sólo para mí o para los míos, pero para todos nosotros.

El Padre nos enseña a compartir y perdonar. Es ese Padre que nos va dar fuerzas para no caer y sucumbir en la tentación que tenemos en la vida.

Supliquemos el don de la oración al Señor Nuestro Dios. Jesús pide al Padre por nosotros. Jesús, que puedas dar un espíritu devoto, para que hagamos de la oración la grande gracia de nuestra vida.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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