Los dones que el Señor nos da, debemos multiplicarlos
Queremos recibirte con mucha alegría. Hoy celebramos la memoria de Santa Paulina del Corazón Agonizante. Y vamos a meditar el Evangelio de San Mateo sobre un aspecto muy importante: la curación de las enfermedades. San Mateo nos dice:
«Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratis lo recibieron, denlo gratis.» (Mateo 10, 7-15)
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Aquí aparece una palabra fundamental del Evangelio y que también está ligada a la vida de Santa Paulina del Corazón Agonizante: la gratuidad.
Reciban los dones de Dios con un corazón desprendido
Todo lo que recibimos de Dios es un don. Es decir, el Señor nos lo da como un regalo para que podamos multiplicarlo. La fe también es un don, al igual que nuestra vocación y el amor de Dios. Todo proviene de Dios, y esto necesitamos gestarlo en nuestro corazón si queremos vivir este Evangelio, que dice: «Gratis lo recibieron, denlo gratis». El Evangelio muestra que la caridad, el servicio y la entrega son las marcas de los santos, y también fueron la marca de Santa Paulina del Corazón Agonizante. Y quisiera compartir contigo algo muy importante.
Con gratuidad y confianza
Para vivir esta gratuidad, es necesario vivir lo mismo que vivieron los apóstoles: la confianza. ¿Por qué? Porque el misionero no puede apoyarse en sus propias seguridades, sino en la certeza de que Dios cuida de todas las cosas para aquellos que se ponen al servicio del Evangelio. El don que Dios te da no es para que lo guardes, sino para que lo pongas al servicio del prójimo.
Eso es lo que da la certeza de que el Evangelio está siendo vivido: «Gratis lo recibieron, denlo gratis». Y, por último, el discípulo está llamado a llevar la paz de Cristo. Donde el Evangelio entra, deben nacer la reconciliación, la esperanza, la misericordia y el amor. Pidamos al Señor esta gracia y que tu corazón sea invadido por el don de la gratuidad, del servicio y de la caridad.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


