Cristo ofrece un amor paciente y acogedor
“Jerusalén, Jerusalén, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos!” (Lucas 13, 31-35).
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Hermanos y hermanas, las palabras de Jesús revelan un corazón que ama incluso cuando es rechazado. En Jerusalén, Jesús fue rechazado y Él dice: «Jerusalén, Jerusalén». ¿Qué significa esto?
Vencer las resistencias interiores
Dios nunca se da por vencido con nosotros, pero nosotros, con frecuencia, nos alejamos de Él. También hablamos de Jerusalén, de la Jerusalén terrenal, pero en nuestra mente también aparece la Jerusalén celestial, siempre fruto del amor de Dios. El Señor respeta profundamente nuestra libertad, hermanos y hermanas. Por eso, sigue ofreciéndonos oportunidades para regresar.
El Señor nos ofrece oportunidades a cada momento. ¿Y por qué no regresamos? Porque insistimos en permanecer distantes, lejos de la gracia, que está ahí, llamando a nuestra puerta a cada instante. El amor de Dios no es invasivo, sino que es paciente, como ya nos recordaba san Pablo.
Él ofrece su Corazón
Muchas veces, imaginamos a un Dios dispuesto a juzgar, dispuesto a condenar. Sin embargo, el Evangelio nos presenta a un Dios que, en realidad, sufre porque no puede reunir a sus hijos: «Jerusalén, Jerusalén, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos!». Hoy, la invitación que nos hace este Evangelio, el desafío que nos plantea, es abandonar cualquier tipo de resistencia interior. Debemos permitir que Cristo nos conduzca nuevamente cerca de su Corazón, que es Sagrado, que es misericordioso, de su Corazón, que es compasivo. Volvamos al Corazón de Jesús.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


