La piedra angular que fundamenta nuestra vida
Hoy es el 27.º domingo del Tiempo Ordinario, Día del Señor, el día en que nosotros debemos, cada vez más, abrirnos a la gracia de Dios. Tiene que ser un día realmente de renovación y de encuentro personal con nuestro Señor, pues, en ese día, Él venció la muerte y el pecado y abrió las puertas de la eternidad a cada uno de nosotros. Vamos a leer el Evangelio de San Mateo, que dice así:
“La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular.” (Mateo 21, 33-43)
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La piedra rechazada que nos muestra el Evangelio, en este domingo, es el propio Cristo. Aquí, vemos, en todo el Evangelio de la Parábola de los Viñadores, que no acogieron al Hijo.
La piedra que es fuente de vida
En todos los momentos y en todas las circunstancias, quisieron eliminar al Hijo, rechazarlo, quisieron condenarlo e incluso matarlo. Pero justamente de ese rechazo nació la salvación. De un mal Dios saca un bien, es decir, la piedra rechazada es Cristo. La Cruz, que parecía ser una derrota, se convirtió en victoria; la muerte se convirtió en vida, y el rechazo se convirtió en salvación. ¿Qué debemos aprender en este domingo? Que Cristo es la puerta de entrada a la eternidad.
El camino de la voluntad de Dios
Solo en Dios hay salvación, solo en Él encontramos redención y solo en Él podremos tener una vida conforme a Su voluntad. ¿Qué puedes cuestionar, hoy, en tu corazón? ¿Cuántas veces rechazamos a Jesús cuando Él nos muestra Su voluntad? El Señor nos pide algo y nosotros queremos hacer nuestra voluntad; así, estamos rechazando al Señor.
¿Cuántas veces queremos los dones de Dios, pero no queremos obedecerle? ¡Rechazo! ¿Cuántas veces queremos ser dueños de la viña y olvidamos que todo pertenece al Señor? Ahí entra el egoísmo, el individualismo, ahí entra, dentro de nuestro corazón, aquello que nosotros llamamos indiferencia.
La piedra que es puerta de la eternidad
El Señor envía a Su Hijo para salvar, para darnos la vida nueva y para abrir las puertas de la eternidad, y nosotros lo rechazamos. Lo rechazamos porque queremos hacer nuestra voluntad, porque queremos vivir los caprichos que el mundo nos ofrece y porque no tenemos la responsabilidad de caminar en una vida que dé frutos. Que el Señor nos ayude, porque, siendo Cristo la piedra angular, Él necesita ser la salvación para cada uno de nosotros. ¿Lo has acogido o lo has rechazado?
Que el Señor te ayude a acoger Su Palabra, que trae vida y salvación. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!


