La transfiguración de nuestro corazón a partir del amor del Padre
Estamos en un momento oportuno en este jueves dedicado a la adoración al Santísimo, a la Eucaristía y también a la fiesta de la Transfiguración del Señor. Necesitamos dejar que, en el momento del monte Tabor, Jesús se transfigure y revele su gloria. El Señor quiere manifestar también su gracia en mi vida y en la tuya. El Evangelio es de San Juan, y vamos a escuchar algo importante.
«Como el Padre me amó, así también yo os he amado. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena» (Juan 15, 9-11).
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La Iglesia nos hace contemplar, a través de este Evangelio, la gloria del Señor manifestada en lo alto de la montaña, pero también nos recuerda que su gloria nace de la comunión profunda con el Padre del cielo.
La Transfiguración del Señor y la revelación del amor divino
La Palabra de Dios nos ayuda a comprender que la Transfiguración no es solamente un momento extraordinario de la vida de Jesús, sino una invitación para que también nosotros seamos transformados por el amor divino. La Transfiguración debe llevarnos a contemplar el amor que el Padre tiene por el Hijo y el que el Hijo tiene por cada uno de nosotros. La Transfiguración revela justamente esto: Jesús vive totalmente sumergido en el amor del Padre.
La luz divina a través de la intimidad profunda
En el monte Tabor, los discípulos contemplan la luz de Cristo porque antes existía una comunión perfecta entre el Hijo y el Padre. La gloria exterior nace de la intimidad interior; por eso Jesús dijo: «Permaneced en mi amor». El verbo permanecer es muy importante en el Evangelio de Juan. No significa solamente quedarse, sino vivir unido, echar raíces, dejarse transformar por la presencia de Cristo y por la presencia de Dios.
El cristiano no puede vivir una fe superficial, hecha solo de momentos emotivos. La experiencia del Tabor nos llama a una vida constante de oración, de fidelidad y de intimidad con Cristo.
Que la Transfiguración del Señor transforme nuestro corazón desde dentro, para que nuestras acciones demuestren que realmente permanecemos en el amor de Dios.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


