Relación con Dios: del “cajero automático” a la intimidad de hijos
Cuando la multitud vio que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron en busca de Jesús a Cafarnaúm. Cuando lo encontraron al otro lado del mar, le preguntaron: «Rabí, ¿cuándo llegaste aquí?».
Jesús respondió: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan y quedasteis satisfechos. Esforzaos no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece hasta la vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará» (Jn 6,22-29).
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Hermanos y hermanas, una de las cosas más vergonzosas en las relaciones fraternas es el llamado oportunismo, es decir, basar una amistad o una relación no en lo que la persona es en sí misma, sino en lo que se puede obtener de ella.
La gracia y la relación con el Dador de la gracia
Acercarse a alguien pensando solo en lo que podemos recibir de esa relación: si eso ya es una falla en las relaciones humanas, ¡cuánto más en nuestra relación con Dios! El pueblo que busca a Jesús lo hace por el pan que comieron y con el que quedaron saciados. Jesús, que conoce los corazones, lo deja claro en el Evangelio de hoy: percibe que lo buscan por interés, por el milagro de los panes.
Esta forma de relación con Dios ha atravesado los siglos y sigue presente en muchas de nuestras actitudes. Buscamos a Dios por los favores que esperamos recibir de Él. Muchas veces nuestra relación con Dios es interesada. Raras veces buscamos al Dador de las gracias; muchas veces queremos las gracias, pero dejamos de lado a quien las concede.
Asumir la actitud de hijos
No es que no podamos o no debamos pedir cosas a Dios. No, de ningún modo. Él es nuestro Padre y se alegra en conceder a sus hijos todo lo que necesitan. Pero un padre no puede ser buscado solo como proveedor de cosas, como un “cajero automático”, sino como fuente de amor, de afecto, de confianza, como consejero. ¡Cuánta alegría experimenta un padre cuando su hijo no lo busca solo por lo que puede darle, sino por quien es, en su identidad de padre y de amigo!
Una verdadera unión con el Padre
Un padre se alegra cuando es buscado en su totalidad. Por eso, nuestra búsqueda debe ser una relación continua de intimidad con Dios; y en ese amor descubriremos que somos profundamente cuidados y asistidos en todas nuestras necesidades. El Padre del cielo sabe bien de lo que necesitamos.
¡Cuánto necesitamos purificar nuestro amor a Dios, liberarlo de nuestros intereses personales, que tantas veces se imponen sobre un amor genuino y desinteresado! Busca a Dios por lo que Él es, tu Padre, y ciertamente Él proveerá todo lo necesario para tu vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


