Vivir la verdad del corazón como respuesta al Evangelio
Hermano mío, hermana mía, hoy celebramos la memoria de San Juan María Vianney, un gran sacerdote y un gran corazón que acogía a las personas a través de los sacramentos y, principalmente, de la confesión. Vamos a meditar el Evangelio de San Mateo:
«Escuchad y comprended: no es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca» (Mateo 15,1-2.10-14).
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¿Qué debemos comprender de este Evangelio de hoy? Que necesitamos escuchar, comprender, tener pureza de corazón y alejarnos de todo aquello que pueda volvernos espiritualmente ciegos. El Señor quiere llevarnos a una verdad concreta del Evangelio para generar en nosotros conversión.
La verdad y la ilusión de las apariencias
Jesús quiere enseñarnos que la fe no puede ser solamente una apariencia. La gran dificultad del mundo de hoy es que muchas personas quieren ser quienes no son. De algún modo, tarde o temprano, toda falsedad y toda hipocresía caen por tierra.
Jesús se preocupa de que nuestra fe nos conduzca a vivir una vida de coherencia y de testimonio. Dios no mira solamente los ritos externos que practicamos, sino que mira el interior del corazón. Una persona puede cumplir muchas prácticas religiosas y, aun así, estar lejos de Dios en su corazón.
Dios ve la verdad de nuestro interior
Lo que el Señor desea de nosotros, hermano y hermana, es sinceridad, humildad y verdad. Quien no tiene el valor de vivir estos tres puntos terminará viviendo solo de apariencias. Puede incluso engañar a las personas con las que convive, pero a Dios nadie puede engañarlo, porque Él mira lo más profundo de nuestro corazón.
La coherencia en San Juan María Vianney
Si no hay rectitud y arrepentimiento, nuestro corazón se volverá estéril y viviremos de máscaras y falsedad. Por eso Jesús quiere, a través de este Evangelio, conducirnos al ejemplo de San Juan María Vianney, el santo cura de Ars.
No era un hombre de gran inteligencia académica; tuvo dificultades en los estudios y sufrió mucho para ser ordenado sacerdote. Sin embargo, poseía un corazón totalmente entregado a Dios. Él era verdaderamente quien era. No vivía de apariencias; vivía con coherencia.
Que San Juan María Vianney nos ayude a buscar este camino de la rectitud y de la verdad del corazón.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


