Es el Señor quien nos llama a derribar los ídolos
Hoy celebramos la memoria de San Bonifacio, obispo y mártir, y queremos también, con el ejemplo de su vida, comprender lo que Jesús nos quiere decir a través del Evangelio de San Marcos Evangelista.
“Jesús continuaba enseñando en el templo y planteó esta cuestión: ‘¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dijo: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”. Pues si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?’. Y la gran multitud lo escuchaba con agrado.” (Mc 12,35-37)
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El Evangelio de hoy presenta una pregunta profunda hecha por Jesús en el templo. Él cuestiona la interpretación común de los escribas sobre el Mesías.
Es el Señor quien se revela y nos transforma
Jesús no está negando que el Mesías venga de la descendencia de David. Él quiere ir más allá. Quiere mostrar que el Mesías es el mismo Señor de David. Es decir, Cristo es al mismo tiempo Hijo de David según la carne y Señor de David según su divinidad. Aquí encontramos una revelación profunda de nuestra fe.
Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Y aquí quiero recordar la vida de San Bonifacio, quien nació en Inglaterra en el siglo VIII y se convirtió en monje benedictino. Desde muy joven sintió el llamado a anunciar el Evangelio a los pueblos germánicos, muchos de los cuales todavía vivían en el paganismo. Es importante comprender algo de la vida de San Bonifacio: él entendió verdaderamente aquello que el Evangelio de hoy nos revela. Cristo no es solamente un maestro, sino el Señor de la historia.
Jesús es el Señor que nos da valentía para evangelizar
Y por reconocer esta soberanía de Cristo, San Bonifacio dejó su tierra, su seguridad, y fue a evangelizar en las regiones difíciles de la actual Alemania. ¡Qué hermoso es cuando Cristo se convierte en el centro de nuestra vida! Un episodio famoso de su vida muestra claramente su fe.
En una región pagana había un enorme árbol dedicado al dios Thor. El pueblo creía que nadie podía tocarlo sin morir. Bonifacio, lleno de confianza en Cristo, derribó el árbol.
Cuando nada le ocurrió, muchos comprendieron que los falsos dioses no tenían poder y muchos se convirtieron. Ese gesto fue más que valentía: fue un testimonio de fe. Solamente Cristo es el Señor. Que hoy puedas decir para tu vida: Jesucristo es el Señor.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


