Beber el cáliz: la petición de honor que se convirtió en martirio
Jesús entonces les respondió: «No sabéis lo que estáis pidiendo. ¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber?». Ellos respondieron: «Podemos». Entonces Jesús les dijo: «En verdad beberéis de mi cáliz, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Mi Padre dará esos lugares a aquellos para quienes los ha preparado». (Mateo 20,20-28)
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La fiesta de Santiago Apóstol, hermanos y hermanas, proclama una gran verdad. Dios sabe trabajar con instrumentos frágiles; ya lo decía el papa Benedicto XVI, nuestro recordado Papa emérito. Dios sabe trabajar con instrumentos insuficientes. La verdadera grandeza, en este sentido, hermanos y hermanas, consiste en servir.
Beber el cáliz es abrazar la cruz con amor
La fe auténtica pasa por la cruz, y el fruto más alto de ese «pasar por la cruz» es dar la propia vida. En el Evangelio, vemos que la madre de Santiago y de Juan pide poder y también honor para sus hijos, pero Jesús responde con algo desconcertante. Jesús dice que la verdadera grandeza consiste, en realidad, en participar de su sufrimiento.
El llamado al desprendimiento de los honores
El cáliz significa entrega total, sufrimiento por fidelidad y unión con la cruz. Santiago respondió cuando Jesús le preguntó si podía pasar por todo eso. Él respondió: «Puedo, podemos». Y su vida confirmó esa respuesta. La confirmó con el martirio. Que también nuestra vida de entrega confirme nuestro amor por Jesús, así como lo vivió Santiago.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


