San Carlos nos muestra el valor de la donación
Hoy celebramos la memoria de san Carlos Borromeo, un gran obispo de la Iglesia, cuya historia también recordaremos hoy. El Evangelio de san Lucas nos dice lo siguiente:
“Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee no puede ser mi discípulo” (Lucas 14,25-33).
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Hoy, Jesús busca discípulos dispuestos a seguirlo con todo el corazón. Aquí está la gran verdad del Evangelio: no se puede seguir a nuestro Señor a medias; es necesario entregarnos por completo en todo lo que hacemos.
Renunciar a todo para ser fieles a Cristo
Estas palabras de Jesús no significan despreciar a la familia ni los bienes materiales que cada uno de nosotros necesita. Pero nada puede ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón. El Evangelio también habla de cargar con nuestra cruz, que no se busca por sí misma, sino que nace de la fidelidad al Evangelio.
Por eso necesitamos comprender lo siguiente: nuestra fidelidad a nuestro Señor nos traerá muchas cruces, pero nuestro Señor nos ayudará a llevarlas. Quien ama verdaderamente a Jesús aprende a soportar las dificultades, las incomprensiones, los sacrificios e incluso las persecuciones sin abandonar la fe. No hay resurrección sin cruz ni santidad sin perseverancia.
San Carlos y la entrega total al Padre
San Carlos Borromeo vivió en una época de muchas dificultades, pero no se desanimó. Se dedicó a la reforma de la Iglesia de su tiempo, a la formación de los nuevos sacerdotes y al cuidado de los pobres y los enfermos, siendo un verdadero pastor según el corazón de Cristo. Su vida nos muestra que seguir a Jesús exige dejar de lado los intereses personales para poner el Reino de Dios en primer lugar.
Este santo no tuvo miedo de la cruz; vivió una vida de coherencia, de oración, de caridad, una vida de profundo amor a nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que define al verdadero discípulo de Cristo: amar profundamente a nuestro Señor.
Que san Carlos Borromeo nos ayude a renunciar a las cosas vanas de este mundo para abrazar la cruz con perseverancia y también con mucha confianza.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


