Comportamiento coherente con el amor a Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las demás hierbas, pero dejan de lado la justicia y el amor de Dios! Deberían practicar esto sin dejar de lado aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los primeros puestos en las sinagogas y ser saludados en las plazas públicas! ¡Ay de ustedes, porque son como tumbas que no se ven, sobre las cuales los hombres caminan sin saberlo!» (Lucas 11,42-46)
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Palabras duras de Jesús, dirigidas a los fariseos; más que a los fariseos, al comportamiento farisaico, una discrepancia entre el hablar y el actuar. Esto también nos interpela a cada uno de nosotros.
Comportamiento automático sin amor
Faltaban la justicia y el amor de Dios. El diezmo estaba bien, el cumplimiento de los preceptos estaba bien, la oración estaba bien, pero faltaba algo. Les gustaban los primeros puestos en las sinagogas, que los saludaran en las plazas, y ponían cargas insoportables sobre los demás.
Todas estas eran actitudes desviadas de los fariseos, porque no todos eran así. No significa que todos los fariseos se comportaran de esta manera. Jesús hace una crítica al comportamiento farisaico, porque la palabra «fariseo» quiere decir una persona celosa, observante de la ley. Y el celo no puede confundirse con el radicalismo, la rigidez y, muchas veces, una rigidez que no es fecunda, que no lleva a la persona a ser más amable y misericordiosa.
La búsqueda de la coherencia de vida
Hay mucha gente que observa todo lo que manda la ley, toda la doctrina, pero no es capaz de ver la necesidad del otro que está a su lado. Bueno, y el fariseísmo tampoco significa relajamiento ni transgresión de la ley, sino equilibrio. Y aquí pedimos ayuda a los universitarios, pedimos ayuda a la concepción aristotélica del justo medio. Un comportamiento equilibrado, que sabe dosificar todas las cosas, obviamente teniendo a Dios como centro, su ley y sus preceptos, pero sabiendo que, a partir de ese amor a Dios, deriva el amor al prójimo y una vida recta y coherente.
Que el Señor nos conceda esta gracia de vivir de manera coherente y equilibrada aquello que Él nos pide.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


