El gran banquete y la invitación de la comunión con el Padre
El Evangelio de san Lucas nos ayudará a comprender mejor la invitación de Dios y la respuesta que tú y yo debemos darle a Dios. Nos dice lo siguiente:
“Un hombre dio un gran banquete e invitó a muchas personas. A la hora del banquete, envió a su empleado a decirles a los invitados: “Venid, porque todo está preparado”. Pero todos, uno por uno, comenzaron a dar excusas” (Lucas 14,15-24).
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El Evangelio de hoy nos presenta una parábola muy hermosa entre las que solemos escuchar de Jesús. Es la parábola del gran banquete.
Un lugar preparado en el gran banquete
Ante la exclamación «¡Feliz aquel que coma del pan en el Reino de Dios!», Jesús nos revela que prepara un lugar para todos. Cada uno de nosotros tiene un lugar en la morada eterna y no debemos poner excusas para llegar allí algún día.
¡Cuántas veces somos llamados y cuántas veces rechazamos la llamada de Dios! No lo escuchamos. El banquete representa el Reino de Dios, representa la comunión con el Señor y representa el deseo de Dios de ofrecer a la humanidad la vida eterna.
Las excusas que nos alejan de la voluntad divina
Dios no prepara un banquete para nosotros solamente para satisfacer nuestros deseos. Él prepara el gran banquete porque quiere vivir en comunión con cada uno de nosotros. Pero ¿cuántos de nosotros vamos poniendo excusas para no entrar en este banquete?
Uno dice que ha comprado un campo, otro dice que ha adquirido cinco yuntas de bueyes, y otro afirma que necesita casarse. Ninguna de estas cosas era mala en sí misma, pero el problema era no responder a la llamada de Dios.
El gran banquete genera comunión y sacia el alma
La Palabra de Dios y el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseñan que el ser humano tiene el deseo de responder a la llamada del Señor. Pero es necesario que elimine de su corazón las preocupaciones, las vanidades y el orgullo; que elimine todo aquello que pueda quitarle a Dios el lugar que le pertenece en nuestro corazón. No rechacemos al Señor, sino acojámoslo, porque su deseo es que este banquete nos conduzca a su comunión, a la vida eterna.
Que Dios nos bendiga y que nuestro corazón se llene de alegría por participar en este banquete, para que un día podamos participar de él eternamente.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


