De la séptima señal a la plenitud: la salvación que logra otra persona
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús: “Señor, aquel a quien amas está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es para la muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana María y de Lázaro. Cuando oyó que estaba enfermo, Jesús permaneció todavía dos días en el lugar donde se encontraba. (Juan 11,1-45)
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Hermanos y hermanas, hoy es domingo, ¡día del Señor! Por eso, participa en la Eucaristía, invita a tu familia e invita también a tus amigos. Podrías hacer la experiencia de invitar hoy a una persona a participar en la misa contigo, una persona que sabes que está alejada, que ya no ha participado en la Eucaristía y que está apartada de la Iglesia. ¡Haz esa invitación!
Puede que recibas un “sí” o un “no”, pero tienes la posibilidad de que esa persona diga “sí” y esté contigo para recibir la gracia de Dios. Eso es preocuparse por la salvación de esa persona. Así como en el Evangelio de hoy vemos que María estaba preocupada por la resurrección de Lázaro.
La plenitud en la vida de cada persona
Hermanos y hermanas, la resurrección de Lázaro que contemplamos este domingo es el séptimo y último signo milagroso de Jesús en el Evangelio de San Juan. Recordemos cuáles fueron los otros signos.
El primero fue cuando el agua fue transformada en vino. Después, la curación del hijo del funcionario real. El tercero, la curación del paralítico. El cuarto, la multiplicación de los panes. El quinto, Jesús caminando sobre las aguas. Y el sexto, el ciego de nacimiento.
Es, por tanto, un itinerario que todos nosotros debemos recorrer. Pero recordemos también que el número siete significa plenitud, perfección. Así, cada vez más, junto con la liturgia, nos encaminamos hacia una realidad que nos llevará a la plenitud.
El combate espiritual que nos resucita para una nueva vida
Nos acercamos cada vez más al tiempo de la Semana Santa y al tiempo pascual. Nuestro corazón también ha vencido ya muchos combates. ¿Cuántos combates has vencido a lo largo de esta Cuaresma?
Reflexionemos también sobre aquello en lo que tal vez hayas desistido respecto a alguna penitencia que elegiste. Y la palabra de hoy es: no desistas. Así como Marta y María no desistieron de interceder por Lázaro, para que Jesús posteriormente lo resucitara, también nosotros queremos ser resucitados en todo aquello que era una situación de muerte en nuestra vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


