Jesús y la multiplicación de los panes: mucho más allá del milagro físico
“Al desembarcar, Jesús vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6, 34-44).
Estamos ante la escena de la multiplicación de los panes, que también alude a la Eucaristía. Cristo vino para saciar nuestra hambre y nuestra sed de Dios. También es el signo de la abundancia, del cuidado y de Su presencia viva, que sacia a Su pueblo.
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La compasión como esencia de la encarnación
Pero, ¿cuál es el punto teológico de este Evangelio? La compasión de Dios. Esto es muy importante, porque es el primer movimiento de Jesús al encarnarse: tener Su vida pública movida por la compasión.
¿Qué indica esto? Indica una emoción profunda, el “moverse en las entrañas”; es un amor visceral, es decir, el amor que Dios demuestra con un corazón humano. Esto es lo más importante de nuestro Señor, porque Él nos mira con una mirada humana, y no nos condena ni nos juzga. Dios quiere la salvación de todos.
El deseo divino de que todos se salven
Él mismo nos dice, en el Evangelio, que no quiere que nadie se pierda, sino que todos lleguen a la salvación.
¿Por qué Jesús dice estas palabras? Porque es movido por la compasión. Cuando ve a aquella multitud sentada y con hambre, siente compasión, pero no solo por el hecho de que tengan hambre en el sentido físico; Jesús va más allá, Él mira el corazón que necesita ser saciado por Dios. Por eso, esta compasión es el punto de partida de todo el actuar de Dios. Él enseña, Él sana, Él alimenta.
Una invitación a la misericordia y al cuidado del prójimo
El amor de Dios no es abstracto, sino concreto, sensible, encarnado. Termino diciéndote lo siguiente: el cristiano está llamado a mirar el mundo con la misma mirada con que Jesús nos mira: con compasión.
¿Es o no es verdad que falta entre nosotros, muchas veces, la compasión por el otro? Y Jesús quiere enseñarnos, en este Evangelio, a tener una mirada de misericordia para acoger con amor.
Que el Señor nos ayude, que nuestro corazón se abra a esta experiencia y que Él nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!


