12 Apr 2026

Las llagas de Cristo, fuente de la Divina Misericordia

Las llagas de Jesús, un camino de la fe y salvación

En aquel tiempo, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, dijo: “La paz esté con vosotros”. Después de estas palabras, les mostró las manos y el costado. Tomás, llamado el Mellizo, que era uno de los doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron después: “Hemos visto al Señor”. Pero Tomás les respondió: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el lugar de los clavos y no pongo mi mano en su costado, no creeré”. Luego Jesús dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” (Juan 20, 19-31).

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Queridos hermanos y hermanas, estamos en el segundo domingo de Pascua. Recordemos que el 30 de abril del año 2000, el entonces Papa Juan Pablo II declaró: “A partir de hoy, el segundo domingo de Pascua será llamado Domingo de la Divina Misericordia”.

Fuente de Misericordia

Apoyado ciertamente en el propio relato del Evangelio, es en este día donde se narra la aparición de Jesús resucitado a los discípulos. En esta aparición, Jesús les muestra sus llagas; llagas que después fueron reveladas a Santa Faustina Kowalska.

El verbo deiknyen indica que Jesús presentó evidencias no solo del hecho de la resurrección —aunque esto también—, sino que quedó claro que el cuerpo llagado era el mismo cuerpo de Cristo. Como si Jesús presentara, ante sus discípulos, su “documento de identidad”. Jesús se convierte en fuente de la Divina Misericordia para toda la humanidad a través de sus santas llagas.

Llagas que sanan

La tradición de la Iglesia, apoyada en el texto bíblico, nos ha transmitido las gracias que brotan de las cinco llagas de Cristo: dos en las manos, dos en los pies y una en su costado abierto. El apóstol Pedro afirma: “Por sus llagas hemos sido curados”. Lo que parecía una maldición se convirtió en causa de salvación para todos.

Estas llagas sanan nuestras heridas humanas: las llagas de las manos curan nuestras manos enfermas por el poder, la búsqueda de dominio sobre el otro, la opresión de los más débiles y los abusos cometidos desde posiciones de autoridad. Las llagas de los pies curan los caminos equivocados por los que muchas veces transitamos.

El encuentro con el Resucitado

Cristo quiere colocarnos en el camino correcto para que nunca más nos desviemos. Las llagas del costado abierto, de donde brotan sangre y agua, son expresión de la curación de los corazones incrédulos, fríos, marcados por el egoísmo, la rebeldía y la falta de amor.

Del corazón abierto de Cristo brota la Divina Misericordia que restaura a toda la humanidad. Hoy es nuestro hermano gemelo, Tomás, quien aparece en el Evangelio y nos ayuda a orar: “¡Señor mío y Dios mío!”. Que, con él y con toda la Iglesia, profesemos nuestra fe en Jesús y seamos bendecidos por sus santas llagas.

Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¡Amén!

Pai das Misericórdias

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