Jesús quiere restaurar tu dignidad a través del perdón
Señor, si quieres, tienes el poder de purificarme.
Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. Entonces se le acercó un leproso, se arrodilló ante Él y le dijo: «Señor, si quieres, tienes el poder de purificarme». Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante el hombre quedó curado de la lepra. (Mt 8,1-4)
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Jesús baja del monte, y una multitud sedienta lo busca. Un leproso se acerca a Él. Y vemos, en este evangelio, una escena bella, muy hermosa.
Jesús quiere conocer tu voluntad
Vemos el encuentro de dos voluntades. La voluntad del leproso que quiere la curación, y la voluntad de Jesús que quiere curarlo. Jesús extendió la mano, y aquel hombre quedó curado. El leproso quería ser curado, y Jesús quería curarlo. Tanto es así que cuando él pregunta, Jesús responde: «Quiero, queda limpio».
La curación en el confesionario
Al contemplar esta escena, recuerdo el sacramento de la confesión. En el confesionario, el penitente llega con la lepra del pecado y la presenta al sacerdote, confesando sus pecados. Él quiere ser purificado por Dios.
El sacerdote impone las manos, hace la oración de absolución, y aquel penitente sale de allí también purificado. Si el pecado es una lepra, cuando vamos a los confesionarios, también somos purificados de nuestras lepras.
Vamos al confesionario y decimos: «Señor, quiero ser purificado». Y Jesús nos dice: «También yo quiero purificarte». Él nos purifica, Él nos cura.
Jesús quiere que camines en la gracia
Te invito, en este día, a hacer un examen de conciencia sobre tu propia vida, sobre tus propias decisiones. Confiesa tus pecados, desea salir de la vida de pecado para caminar en la gracia de nuestro Señor Jesucristo, para caminar sin lepra en este mundo.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


