La compasión divina que acoge nuestros dolores y nos restaura
Vamos, en el Evangelio de hoy, a ver que Jesús se pone al servicio con un corazón compasivo para tocar el corazón de las personas. Y el Evangelio de San Lucas nos dirá lo siguiente:
“Jesús se inclinó sobre ella, reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Inmediatamente, ella se levantó y comenzó a servirles” (Lucas 4, 38-44).
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Jesús no solamente toca y cura nuestro físico, nuestro cuerpo, sino que Él restaura el corazón y devuelve el sentido de nuestra misión. La suegra de Pedro, de la cual habla el Evangelio, después de ser curada, no permanece inerte, no permanece quieta; ella se pone al servicio.
El encuentro con la compasión de Jesús
El verdadero encuentro con Cristo siempre genera en nosotros servicio, caridad y disponibilidad. Hermano mío, hermana mía, el Evangelio continúa mostrando que, al ponerse el sol, muchos llevaban a los enfermos hasta Jesús, y Él imponía las manos sobre cada uno de ellos.
San Lucas destaca la palabra compasión, la cual muestra quién es Jesús: un Hombre misericordioso. Jesús no mira a las multitudes de manera distante, Él toca a cada persona. Esto nos muestra que Dios conoce nuestros dolores, nuestras luchas y nuestras necesidades más ocultas.
Compasión para anunciar a Jesús
Termino con algo importante de la misión de Jesús: anunciar el reino de los cielos. Cuando Jesús anuncia el reino de los cielos, las liberaciones, las curaciones y las conversiones acontecen en medio de nosotros. La misión de Jesús es anunciar el reino para sacar a Su pueblo de la esclavitud, del pecado y de la muerte.
Jesús quiere llevarnos a esa experiencia profunda de ser tocados por Él y de ser aquellos que también tocarán a otros por medio de Su misericordia. La misericordia que nos alcanza es la misma que necesitamos llevar a las personas. Ponerse al servicio como la suegra de Pedro es vivir como Jesús vivió en esta tierra. Jesús pasó por esta tierra haciendo el bien. Y como Santa Teresita de Jesús dijo: “Quiero pasar mi cielo en esta tierra haciendo el bien”.
Que Jesús nos dé la gracia y nos anime. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!


