La oración de Jesús que nos proteje del mal
“En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: “Padre Santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Cuando yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me has dado. Yo los guardé y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura” (Jn 17, 11b-19).
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Muy bien, mis hermanos y mis hermanas, nosotros estamos saboreando la oración más bellas, hecha por el propio Jesús, por el Hijo de Dios, en las intenciones de nuestra persona, de nuestra comunidad cristiana, la unidad de los cristianos.
La protección de quien camina bajo el abrazo de Dios
Seguramente, nadie en este mundo hizo una oración tan especial por ti como esta que nosotros escuchamos del Evangelio y que nos pone en una burbuja de protección contra todo y cualquier forma tipo de situación adverso.
No es una oración pidiendo nuestra para retirarnos del mundo. Pero es una oración que nos pone en el campo de batalla del mundo, con la coraza de la protección divina. Es una lucha teniendo la protección del Padre del Cielo. ¡Como es bueno poder caminar en la vida así, profundamente inmersos en las realidades de este mundo! Pero, antes de todo, inmersos en el abrazo protector de Dios Padre, que cuida de cada uno de sus hijos.
El cuidado de Dios exige de nosotros responsabilidad
Jesús pide la protección contra el maligno, porque la obra de este es justamente que cuestionemos y dudemos de la paternidad de Dios. Recordemos las tentaciones de Jesús en el desierto. Una de ellas era hacer que Jesús dudara de la protección de Dios, tentándolo con una especie de suicidio. “Tírate de aquí, el Padre te recogerá, enviará a sus ángeles para buscarte”. El cuidado de Dios no nos exime de nuestra responsabilidad sobre nuestra propia vida.
Dios no podrá protegerte en la carretera si terminas realizando adelantamientos prohibidos. Si excedes la velocidad permitida. O si consumes bebidas alcohólicas y luego te pones al volante.
Existe una paternidad muy responsable que nos compromete a hacer nuestra parte, mientras Dios hace muy bien la suya. Jesús ora al Padre con la certeza de que los discípulos se comportarán muy bien como hijos del Padre del Cielo. Por eso, acojamos esta oración de Jesús con apertura de corazón y vivamos como verdaderos hijos de Dios.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


