El generoso amor de Cristo nos libera de las cargas
Hoy es domingo, día del Señor, día de prepararnos para el encuentro con nuestro Dios. Y quiero aprovechar para enviar un gran abrazo a quienes nos escuchan y nos acompañan desde las Bahamas, Zambia, Albania y Camboya. Queremos agradecerles por su sintonía y también por acompañarnos en las homilías diarias. Vamos a meditar el Evangelio de San Mateo y ver algo muy importante: el Señor, que siente compasión de nosotros y nos dice:
«Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados bajo el peso de sus cargas, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.» (Mateo 11,25-30).
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Aquí está un primer punto central: la verdadera fe nace de la humildad. Muchas veces, hermano mío, hermana mía, nuestro orgullo cierra el corazón a Dios. Quien cree que lo sabe todo, quien vive siendo autosuficiente, quien difícilmente se abandona en las manos del Señor…
El secreto de los pequeños
En cambio, los pequeños son aquellos que reconocen su necesidad de Dios, que confían y se dejan conducir por Él. Tú que me estás escuchando, ¿te has dejado conducir por el Señor? En tus aflicciones, en tus miedos, en tus cansancios, incluso en tus realidades materiales. ¿Has dejado que el Señor calme aquello que te ha quitado la paz?
El generoso milagro de la providencia
Hace unos días, iba a ir al supermercado, pero tenía un poco de miedo de hacer las compras, porque el dinero estaba justo. Entonces Dios me pidió que fuera generoso, porque Él sería generoso conmigo. Cuando estaba pasando mis compras por la caja del supermercado, fui con esa orientación de Dios.
Cuando estaba por pagar las compras, una mujer se detuvo y dijo: «Padre, déjeme pagar sus compras. Cuando estaba entrando al supermercado, lo vi y Dios habló a mi corazón: “Paga las compras de este padre”». Ella dijo: «Tengo muchos compromisos, pero si al pasar por la caja el padre está pasando al mismo tiempo, pagaré sus compras». Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Ella fue y pagó mis compras.
Aquella aflicción y aquel miedo dieron lugar a la generosidad, porque Dios fue generoso conmigo. Que Dios te bendiga y que Él pueda consolar siempre tu corazón, confiando y sin dejarte llevar por la autosuficiencia de depender solamente de ti mismo.
Que Dios te bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!


