Los discípulos y el peligro de la soberbia dentro de la comunidad
En aquel tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”. Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “En verdad os digo, si no os convertís y no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. (Mateo 18,1-5.10.12-14).
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Hermanos y hermanas, qué alegría reencontrarme con vosotros aquí en el canal de nuestra homilía. Mi saludo a todos los que nos acompañan desde tantos lugares de Brasil y de otros países, especialmente a la TV Canção Nova de Portugal.
Los discípulos y el deseo de grandeza
Los discípulos quieren saber quién es el mayor en el Reino de los Cielos. El término utilizado aquí es *megas*. En nuestro idioma encontramos palabras derivadas de él, como *megalomanía* y muchas otras. Tomemos esta palabra, que se ha convertido en una enfermedad espiritual presente en nuestros contextos eclesiales. No tengo autoridad para hablar desde el punto de vista científico sobre este trastorno psiquiátrico de personalidad. Pero, desde lo que es de conocimiento general, podemos señalar algunas manifestaciones de este trastorno en el ámbito religioso.
La búsqueda que aleja de la realidad
La persona que sufre de megalomanía tiene delirios de grandeza. Cree poseer talentos únicos que nadie más tiene y les da una importancia exagerada. Tiene una autoestima elevadísima, una imagen idealizada de sí misma, y se vuelve incapaz de reconocer sus propios errores, culpando siempre a los demás por las fallas y problemas que ocurren.
Quien padece esta enfermedad busca de manera incesante poder y dominación. Utiliza el poder para ser temido por los demás y para impedir que el otro pueda expresarse. De ahí surgen diversas formas de autoritarismo, abuso de poder, acoso moral e incluso acoso sexual. La persona pierde el contacto con la realidad. Para mantenerse en el poder, crea mentiras y termina creyendo firmemente en ellas como si fueran verdades. La situación es grave.
La pequeñez como camino hacia la santidad
He querido mencionar estas realidades porque pueden causar un daño terrible en nuestras comunidades. Por eso Jesús toma a un niño y lo coloca en medio de ellos, para que en todos los tiempos de la Iglesia la humildad y la pequeñez sean valores supremos, buscados y vividos como virtudes fundamentales para una comunidad. Pidamos, por intercesión de Santa Clara, un corazón desprendido y libre para amar y servir a las personas.
Sobre todos vosotros descienda la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Amén!


