24 Aug 2019

Abramos nuestro corazón para la verdad

“Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe” (Jn 1, 46)

Hoy, tenemos la gracia de celebrar el apóstol San Bartolomeu, también conocido como Natanael.

El propio Evangelio narra para nosotros, hoy, el encuentro de Natanael con Jesús. Fue Filipe quien hablo sobre el Maestro, fue Filipe que describió: “Encontramos aquel de quien Moisés escribio en la Ley, y también los profetas: Jesús de nazaret, el hijo de José”. En seguida, viene un preguntas muy serio de corazón de Bartolomeu: “Puede venir alguna cosa buena de Nazaret?”.

Nzaret era una ciudad muy insignificante, un poblado como muchos de nuetsros poblados que, muchas veces, tenemos dificultades de encontrar incluso en el mapa. Hoy, Nazaret es una ciudad importante y gran, afinal, fue la ciudad donde Jesús vivió y tiene todo su valor, pero, en la epoca, tenía ninguna importancia. Por eso, Natanael pregunto como podría venir una cosa buena de allá.

De lejos, Jesús vio Natanael y su sinceridad, porque Aquel que conocio todo los corazón y todas las cosas, aseguro: “El verdadero israelita, en él no se encuentra falsedad”.

Aquel que es el camino, la verdad y la vida va abriendo nuestro corazón y enseñándonos a caminar

Muchas veces, actuamos con poca verdad y con verdadera sinceridad, pero no vamos confundir sinceridad y verdad con lo que muchos creen que es hablar todo lo que viene en la boca, todo lo que tiene voluntad de hablar.

Sinceridad es la busca de verdad, sinceridad no es aceptar las cosas de cualquier forma. Sinceridad es sumergir para conocer las cosas de la forma que son. Estamos transformando superficialidades como si fuera verdades, estamos escuchando conversas de varios lugares, convicciones que nosotros creamos a partir de conceptos falsos y creemos que eso es verdad, fruto de nuestra sinceridad.

Personas que son sinceras, en realidad, son personas que buscan conocer la verdad con mucha humildad, la humildad que no falto al corazón de Bartolomeu y, por eso, Jesús el reconoció, su incapacidad e incluso la verdad de decir: “Yo no sé”.

¡Cuantas cosas nos sabemos, cuantas cosas no tenemos respuestas, y cuantas cosas vamos morir sin saber! Dejemos para que, en el encuentro con Aquel que es suprema y única verdad, Él ilumine los incomodas de nuestra alma y de nuestro corazón.

La mejor verdad que descubre fue mi propia ignorancia de no sabe, porque existe la ignorancia de aquel que cree que sabe y da aquellas respuestas más duras y crueles, basado en su ignorancia disfrazada en una insensatez de creer que sabe, pero, en realidad, no sabe.

Humildemente, pongámonos a los pies de Jesús, para que Él ilumine nuestro corazón, nuestra alma y nos ayude a encontrar la verdad a cada día de nuestra vida.

Con humildad, simplicidad y sinceridad, Aquel que es el camino, la verdad y la vida va abriendo nuestro corazón y enseñándonos a caminar.

¡Dios te bendiga!


Padre Roger Araújo

Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva, periodista y colaborador de la Página Canción Nueva. Contacto: padrerogercn@gmail.com – Facebook

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