En el corazón de María, somos conducidos hasta Jesús
Al verlo, sus padres quedaron muy admirados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué has actuado así con nosotros? Mira que tu padre y yo estábamos angustiados buscándote”. Jesús respondió: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo estar en la casa de mi Padre?”. Ellos, sin embargo, no comprendieron las palabras que les había dicho. Jesús bajó entonces con sus padres a Nazaret y les obedecía. Su madre, por su parte, conservaba todas estas cosas en su corazón. (Lucas 2,41-51)
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Bien, de la Virgen María siempre podemos extraer cosas nuevas, y esto se debe a que ella está llena de gracia. Por eso, de su corazón brotan cosas preciosas para la vida de toda la Iglesia.
Vivir la devoción al Corazón de María imitando a Jesús
El corazón de la Madre se configura al corazón del Hijo. ¿Cómo? Con su “sí”. María se unió definitivamente a la vida de su Hijo Jesús. Ella se convirtió, además de Madre, en su discípula más noble, la protodiscípula. Es en esta línea que vemos la presencia de la Virgen María en el misterio de la Redención.
La fiesta de hoy, del Inmaculado Corazón de María, no puede reducirse a un mero devocionismo, porque la mayor devoción mariana es el culto de la imitación de Jesucristo. No lo olvides: la mayor devoción mariana es el culto de la imitación de Cristo.
La escuela de María nos forma
¿Quieres amar a la Virgen María? Ama a Jesús. ¿Quieres reparar el corazón herido de María? Ama a Jesús. Aunque tengamos la hermosa costumbre de practicar una serie de oraciones que, de una forma u otra, impregnan la vida de María, nuestro culto pasa por su corazón, pero se dirige al corazón de Cristo.
El relato de hoy nos cuenta el episodio de la pérdida del Niño Jesús en el templo. María estaba allí junto con José en aquella ocasión. El Evangelio deja escapar dos cosas interesantes: “¿No sabías que tu padre y yo estábamos angustiados?”. El término equivale aquí a la angustia, a la agonía. El corazón de María experimenta el dolor de una agonía; recordemos aquella agonía vivida por Jesús en Getsemaní. El corazón de una Madre también siente miedo y aflicción ante los misterios divinos.
Atesorar la vida
Otra cosa que aparece al final del Evangelio: “Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón”. El verbo usado aquí es dieterei; traducido, incluso suena un poco extraño en español, pues quiere decir que María “atesoraba”. No tenemos la costumbre de usar este verbo. María transformaba todo lo que le sucedía en un tesoro espiritual. Por eso tiene un corazón tan lleno de riquezas espirituales.
María conservaba, con mucha diligencia, todos los acontecimientos que le sucedían. Sufría como Madre, pero confiaba como sierva del Señor. Se angustiaba como Madre, pero se alegraba por participar en el proyecto divino de Salvación. Por eso aprendemos del corazón de María a amar a Jesús de verdad, con palabras y acciones, con devoción, pero también con el sacrificio de nuestra vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


