El envío de los discípulos para la misión de anunciar
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Cuando vieron a Jesús, se postraron ante Él. Sin embargo, algunos todavía dudaron. Entonces Jesús se acercó y les habló: “Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que os he mandado.” (Mt 28,16-20).
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Hoy es domingo, Día del Señor, solemnidad en nuestra Iglesia: la Ascensión de Jesús al Cielo. El hecho de subir al Cielo es narrado en la primera lectura de esta solemnidad. Es un momento impactante, porque el Maestro está ascendiendo al Cielo y los discípulos, ahora, no saben qué hacer.
Los discípulos son llamados a evangelizar a todos
El Evangelio de hoy nos habla de aquel momento final del envío de los discípulos y del lugar donde Jesús les había ordenado estar para recibir las indicaciones necesarias a fin de continuar su misión. Existe una relación entre la partida de Jesús y el comienzo de la misión de la Iglesia. La próxima semana celebraremos Pentecostés y la salida de los discípulos para evangelizar a todos los pueblos.
Aunque llegaron al lugar indicado y se postraron ante Jesús, todavía quedaba una cierta duda en algunos de los discípulos. El verbo distazo indica a alguien que no sabe qué hacer frente a algo que se le ha dicho. Están confundidos y desconcertados.
La seguridad en la nueva presencia
La presencia de Jesús continuaría. Él prometió permanecer todos los días, pero ahora se está yendo. ¡Parece extraño! ¿Cómo puede ser? El Maestro enseñó todo lo que los discípulos necesitaban saber para continuar su misión. Las acciones que ellos realizarían estarían impregnadas de la presencia de Jesús, aunque físicamente no pudiera verse. Jesús impregnó sus obras con su propio modo de actuar, de tal manera que cada una de ellas, ahora realizada por los discípulos, actualizaría su presencia.
Cuando haces el bien, cuando vives auténticamente una vida cristiana y das testimonio de ella, Jesús está presente donde tú estás. Él está contigo. Eso es lo que la celebración de hoy quiere recordarnos.
Lo que hacemos como Iglesia no son obras autónomas, como si nosotros fuéramos los protagonistas. Todo debe remitir al verdadero autor, que es Cristo. Él actúa a través de ti. Lo que haces no es tuyo: es Cristo realizando su obra en ti.
Somos llamados a asumir esta misión
Nuestra misión es ir por todo el mundo llevando el poder de Otro, que es Cristo. Somos solamente canales de la gracia de Dios. Lo que llevamos es mucho más grande que nosotros. La eficacia de la misión consiste en anunciar a alguien infinitamente mayor que nosotros. Dios confía tanto en nosotros, que nos llama a realizar sus obras.
¡La solemnidad de hoy es hermosa! ¡Cuánta confianza tiene Dios en nosotros! Por eso necesitamos del Espíritu Santo. Dejemos que Él nos guíe en la misión que Dios amorosamente nos ha confiado.
La fiesta de la Ascensión es la fiesta de la confianza que Dios tiene en mí y en ti. Por eso trabajamos junto a Dios. Abrámonos a la acción del Espíritu, para que la obra del Señor llegue a su plenitud.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


