El tesoro de la Santa Misa nos revela el rostro de Dios
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo.» (Mateo 13,44-52)
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Hermanos y hermanas, hoy es domingo, día del Señor, día de motivación interior para permanecer con Dios participando en la Santa Misa. Por eso, vaya a su parroquia, a la iglesia más cercana, y viva el precepto de este día. Nuestro corazón ama a Dios. Y quien ama quiere estar cerca.
El tesoro escondido transforma nuestras decisiones
En el Evangelio de este domingo escuchamos hablar de esta dinámica del reino de los cielos como un tesoro escondido en un campo. Ante ese tesoro, debemos reconocer que el encuentro con Dios no es simplemente una opción más entre muchas, así como asistir a la Santa Misa no debe ser una opción más entre tantas.
En el texto de hoy vemos que el encuentro con Dios es un descubrimiento que transforma toda la vida y exige decisiones concretas, decisiones reales y verdaderas. Quien es encontrado por Dios tiene la vocación de dejar todo lo secundario para abrazar lo esencial con alegría y con mucha libertad.
El discernimiento de la red y la eternidad
La imagen de la red, que también escuchamos en el Evangelio de hoy, nos recuerda que el Reino está presente en la historia, reuniendo a todos, pero también nos conduce a un discernimiento final, donde aquello que es verdadero y auténtico permanece y permanecerá para la vida eterna.
Celebrar este domingo es preguntarnos qué es lo que realmente consideramos valioso. Hermanos y hermanas, ¿hemos reconocido verdaderamente el reino de los cielos como un tesoro? ¿Un tesoro que transforma mi existencia? Que esta Eucaristía que celebramos a lo largo de este domingo nos conceda un corazón capaz de discernir, acoger y vivir aquello que verdaderamente no pasa. Por tanto, hermanos y hermanas, participen en la Santa Misa, participen en la Eucaristía, que es el verdadero tesoro de nuestra vida.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!


