Jesús y la demanda de los fariseos: El peligro de la incredulidad
El Evangelio según San Marcos (8, 11-13)
En aquel tiempo, los fariseos se acercaron y comenzaron a discutir con Jesús. Para ponerlo a prueba, le pidieron una señal del cielo. Pero Jesús, dando un profundo suspiro, dijo: “¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que no se le dará ninguna señal a esta generación”. Entonces los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Para que puedas reflexionar y comprender el vídeo necesitas ‘accionar el subtitulo en español’:
Revisión de vida
Sabemos que, tras la catástrofe del diluvio, Dios dio a su pueblo una señal: puso un arco en el cielo. El texto dice: “Pongo mi arco en las nubes, señal de mi alianza entre mí y la tierra”. Dios dejó claro que su amor es eterno y que, a pesar de las faltas graves de toda la humanidad, Él nunca deja de derramar sus bendiciones y sus gracias sobre nosotros.
Parece que los fariseos olvidaron que el arcoíris era la señal del amor eterno de Dios por la humanidad. Qué pena que muchos, hasta el día de hoy, todavía lo olviden.
La señal de Jonás y la conversión
Luego tenemos otra señal interesante: la del profeta Jonás, tragado simbólicamente por la ballena, pero mucho más por su propio orgullo y su terquedad. Jonás se convierte en una señal de que Dios nos llama a cada uno de nosotros a la conversión, a revisar nuestros actos, a cambiar comportamientos y a romper con las situaciones de pecado.
Parece que los fariseos también olvidaron que el episodio de Jonás era una “alerta roja”, una señal para una revisión de vida y un cambio radical.
Jesús: La señal por excelencia
En la plenitud de los tiempos, vino la gran señal por excelencia: Cristo encarnado, Dios con nosotros hecho hombre en nuestra carne mortal. Aquel niño acostado en el pesebre se convierte en la señal de que Dios llega al extremo de su amor por toda la humanidad, enviando a su Hijo unigénito para que todos sean salvos por Él.
Parece que los fariseos olvidaron que Jesús era Dios, Dios presente en medio de ellos, para que cuantos lo acogieran pudieran recibir la gracia de la salvación.
Un llamado a la fe
¿Más señales que estas? ¡Imposible! Por eso, vamos a convertirnos. Dejemos de buscar confirmaciones para nuestra incredulidad y para la dureza de nuestro corazón. En su lugar, acojamos las señales de Dios en nuestra vida y en nuestra historia.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



