En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud a su lado y dijo: Escuchadme todos y comprended: lo que hace impuro al hombre no es lo que entra en él desde fuera, sino lo que sale de su interior. El que tenga oídos para oír, que oiga. (Marcos 7, 14-23)
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Jesús, conocedor del corazón humano
Mis hermanos y mis hermanas, Jesús presenta el corazón humano como la sede de las elecciones, de las acciones y de los comportamientos.
Según la doctrina católica, el ser humano es “padre de sus actos”, es decir, es progenitor, da origen y consistencia a esos actos. Aprovechemos este tema de la catequesis dentro de una homilía, que considero propicio para nosotros.
La moralidad de los actos humanos
La moralidad de los actos humanos depende de tres elementos: el objeto elegido, el fin que se busca o la intención, y las circunstancias de la acción. El objeto, la intención y las circunstancias son la fuente o los elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos.
1. El objeto elegido
Es un bien hacia el cual se dirige la voluntad y es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto de la voluntad, en la medida en que la razón lo reconoce y lo juzga conforme, o no, al verdadero bien.
2. La intención
Frente al objeto, la intención se sitúa del lado de la persona que actúa. Al estar en la fuente voluntaria de la acción, es un elemento esencial en la calificación moral. El fin que se busca es el primer dato de la intención y designa la meta que se pretende alcanzar con determinada acción.
¿Qué pretendo con mi acción? ¿Qué es lo que quiero? Por ejemplo, un servicio prestado puede tener el fin de ayudar al prójimo, pero puede estar inspirado, al mismo tiempo, por el amor de Dios como fin último de todas nuestras acciones. Una misma acción también puede estar inspirada por varias intenciones, como prestar un servicio para obtener un favor o para satisfacer la propia vanidad.
Es importante recordar que una intención buena (por ejemplo, ayudar al prójimo) no convierte en bueno ni justo un comportamiento que en sí mismo sea desordenado, como la mentira o la maledicencia. Como dice la vieja frase: “El fin no justifica los medios”.
3. Las circunstancias
Por último, las circunstancias, incluidas las consecuencias, son elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o atenuar la bondad o la malicia moral de los actos humanos. Por ejemplo, el monto de un robo: no es lo mismo robar un bolígrafo que robar un coche. También pueden disminuir o aumentar la responsabilidad del agente, como actuar por miedo a la muerte, en legítima defensa, etc.
Jesús, como buen conocedor del corazón humano, sabe que su redención necesita llegar a lo más íntimo de nuestro ser, para que de nuestro interior salgan solo buenas acciones, buenas elecciones, buenas intenciones y finalidades nobles.
Sobre todos ustedes, venga la bendición del Todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Amén!



