“En aquél tiempo, Jesús fué para el territorio de la Judea, del otro lado del Río Jordán. Algunos fariseos se aproximaron para ponerlo a prueba y preguntaron si era permitido al hombre divorciarse de su mujer. Jesús pregúntale: “¿Qué te ordenó Moises? El respondió: Moisés permitió escribir una certidón de divorcio y despedirla. Jesús entonces le dijo: Fué por causa del endurecimiento de vuestro corazón que Moisés escribió este mandamiento”
(Marcos 10,1-12)
Crecer juntos espiritualmente.
Mis hermanos y mis hermanas. enceramos hoy, en este mes de febrero con una reflexión sobre el natrimônio, esta unión natural entre hombre y mujer que fué llevada por Cristo a la condición de sacramento, o sea, una señal visible de una gracia sobrenatural.
Un retrato, en la verdad, de alianza entre Dios y su pueblo.
Es importante rescatar esta génesis del sacramento del matrimonio, porque, muchas veces, en el tiempo de hoy, se perdió esta belleza de que el matrimonio es el espejo, el reflejo de la alianza de Dios con el matrimonio. El sacramento no puede nunca ser instrumentalizado y transformado en un oportunismo o capricho por parte de los conjugues.
Sabemos que existen muchas circunstancias en las cuales algunas parejas se van para el matrimonio ya de manera nula. El acto matrimonial carece de elementos esenciales para su validez, y la Iglesia se preocupa con tantas situaciones, analizando caso por caso y diciendo que, en algunas circunstancias, no hubiera de hecho el matrimonio.
Usted ya debe haber escuchado esta expresión de declaración de nulidad matrimonial.” La Iglesia no deshace un casamiento, cierto? Vale la pena corregir el lenguaje erróneo que existe.. La iglesia no deshace un casamiento, la Iglesia sólo declara que aquel acto nunca existió como sacramento. Todavia, Jesús apresenta también algunos principios claros que aquellas personas conscientemente decide por vivir una vida a dos”
Jesus coloca claramente que nadie tiene el derecho de disponer de la realidad matrimonial cuando ellas bien entienden por motivos torpes, sin ninguna consistencia. Ah, me quedé triste, entonces voy a separar”. Ah, no me gustó lo que mi marido me habló. Voy a separar” Ah, aconteció un desentendimiento, y yo voy a separar”
Crees que, en el tiempo de Jesus, la cosa llegó a un absurdo tan grande que, si mi mujer cocina mal, es motivo para dar el derecho al marido divorciar de ella. Entonces, cosas banales que hacen parte del amadurecimiento de cada cristiano no son llevadas en consideración.
En el casamiento, inclusive, tiene que haber espacio para el perdón y para la reconciliación. Debe existir espacio para que el otro pueda crecer y amadurecer en algunos aspectos. No piensa usted que va a casarse, que su marido vá estar pronto, que su esposa vá estar pronta y santa. No! De la misma manera, los dos crecen juntos materialmente, pero también crecen juntos espiritualmente, humanamente.
El matrimonio es sí, un lugar de santificación, es un sacramento bendecido por Dios.
Sobre todos vosotros, descienda la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu santo. Amén!